América Latina en su laberinto (1). Racismo
“Indio de mierda”. Desde mi más tierna infancia, en mi tierra natal, escuchaba este insulto, esta descalificación, esta manera abominable y racista de maltratar a ciudadanos/as, por el delito de haber nacido en su tierra y ser diferentes de sus vecinos mestizos o blancos que controlan el poder y los medios de producción.
Poco ha cambiado en este medio siglo, a pesar de la promulgación de leyes, en los países andinos en pro del reconocimiento de su dignidad, respeto y derechos. Si mal no recuerdo, fue en el primer Gobierno de Rafael Correa, que se incorporó, como ministra a una indígena. El comentario más generalizado entre blancos y mestizos era el de “menestra” como forma de burla racista.
Lo realmente patético es que los más beligerantes con los indígenas son los mestizos (sobre todo si estos alcanzan alguna posición económica relevante); es decir, aquellos por los que por sus venas corre “herencia indígena”, en mayor o menor medida.
Diversos estudios, entre los cuales se encuentra el informe de Federal Research Division, señalan que en Ecuador hay un 45% de mestizos, un 35% de indígenas y 15% de blancos. En Bolivia, el porcentaje de indigenismo es mayor, 58%, y el de mestizos baja a un 35%. En Guatemala, el porcentaje de indígenas es similar al de Bolivia y los mestizos se sitúan en torno al 42%.
Durante los lamentables disturbios que tuvieron en jaque al Gobierno de Lenin Moreno en Ecuador y entre las innumerables descalificaciones al colectivo indígena, recibí la siguiente: “Por mucho tiempo odié la frase: Haga Patria, mate un indio...hoy lo estoy reconsiderando”. Entre los indígenas, como colectivo, habrá buenas y malas personas, honrados y corruptos, agresivos y pacíficos; al igual que los hay entre los médicos, profesores, abogados, ingenieros... A nadie se le ha ocurrido decir “Haga Patria, mate un maestro o un cura” al destaparse los abominables casos de maestros y curas violadores de niños, por ejemplo.
Siempre he considerado que este es un problema nuclear para salir del laberinto en el que se encuentra América Latina. Los mestizos necesitan “tumbarse en el diván” del psicoanalista ya que sufren lo que yo denomino el “síndrome Michael Jackson”. Una gran parte de la población mestiza que insulta y aborrece a sus compatriotas indios, a la vez, lucha contra sí misma. Desearían “borrar” aquellos rasgos que lo delatan como portador de genes indígenas. Este es el drama... “Haga patria, mate un indio”.
Aquellos que no tienen una actitud tan beligerante contra sus compatriotas indígenas mantienen una relación con los mismos de carácter paternalista, de seudorrespeto, que los delata en la expresión “Nuestros indios”, y es indudable que también hay quienes practican una relación de absoluta igualdad con los mismos, pero lamentablemente constituyen una minoría.
Con motivo de mi primer viaje a Argentina, hace seis años, y, como suelo viajar indistintamente con pasaporte español o ecuatoriano, pregunté a un amigo argentino si debía entrar con uno u otro pasaporte. Sin dudarlo y con cierta vergüenza, me contestó que era preferible el español, porque en “Argentina no se mira bien a ecuatorianos y bolivianos”.
La maldición llegó a Bolivia en el 2006. Un indio izquierdista llegó al poder, por la voluntad democrática de los bolivianos. La mayor pesadilla sufrida por blancos y muchos mestizos a quienes no importaba tanto el que fuera izquierdista como el que fuera un indígena. Dios se había vuelto loco. Dios había abandonado Bolivia. Tras el golpe de Estado blando, civil y militar, contra Evo Morales, la Biblia ha vuelto al Parlamento. Dios había recuperado el juicio. En los muros de la Universidad de La Paz, hay una pintada que dice: “Fuera indios de la Universidad”. Se acabó el Estado plurinacional, ha vuelto la Bolivia de siempre. La Bolivia de los dueños de Bolivia, de la minoría blanca y de los mestizos que se han levantado del diván del psicoanalista porque el “síndrome Michael Jackson” es resistente a la terapia de Sigmund Freud.
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