Impuestos
¿Por qué los fariseos odiaban los impuestos y consideraban pecadores a los publicanos? Son muchos los que consideran pecaminosos los impuestos y se escandalizan como fariseos.
Si bajamos los impuestos, los emprendedores dispondrán de más dinero para invertir en robots y automatización: sin robots no sería posible exportar y traer riqueza. Con ellos se eliminarían empleos y la riqueza no se redistribuiría con los salarios. Con la bajada de impuestos, el emprendedor aumentaría más sus beneficios y realizaría más de lo mismo: automatización con menos puestos de trabajo. Se entraría en un ciclo en el que el que triunfa se lo queda todo: hasta que sin consumidores se extinga. ¿Cómo lo resolvemos? ¿Trastocando causas cuando se da la alarma sobre un efecto o trastocando efectos cuando se da la alarma sobre una causa? Parece que solo planteamos efectismo, casuística y sofismas, con políticas equivocadas.
Cada vez más personas comprenden que el fin de la pobreza es solo una decisión política. El 1% controla el 66% de la riqueza mundial. En España el 0,07% de los mejores asalariados cobra tanto como el 30% de los peores. ¿Qué nos mantiene en este absurdo evitable? Hay quienes detestan al emprendedor y su riqueza, cuando deberían apreciarle y distinguirle si crece y paga impuestos. Luego ya el Estado redistribuiría eliminando desigualdad y pobreza. El reino animal lo tiene claro: “El depredador se extingue primero que su presa”. En esta coyuntura, si se quiere sobrevivir, los pudientes deberían dejar de depredar sobre los débiles, y esa gran mayoría sin cobijo ni alimento dignos, dejar de enarbolar la guillotina. Se debe competir para ganar y pagar impuestos, y los que más triunfen colaborar con los que menos usando esos impuestos para avanzar juntos.
Antes, cuando el sector industrial se automatizaba, el sector servicios captaba el empleo sobrante de la industria. Ahora, por ejemplo, la banca lleva décadas jubilando y amortizando puestos de trabajo, siendo en la última década quien más prejubila y destruye puestos de trabajo. Con la inteligencia artificial, la robotización, los macrodatos, y estando a la espera de la computación cuántica, serán muchas las empresas de servicios que destruirán puestos de trabajo por ocupaciones enteras. Es lógico que las ocupaciones productivas de la industria sean sustituidas por robots, pero deberíamos establecer que los servicios a las personas sean de persona a persona, y a la empresa de servicios que no lo haga ponerle un impuesto especial.
O el futuro que tendremos no será un futuro agradable pudiendo serlo.
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