¡Abrázame, que nos caemos!
Hemos vivido recientemente un nuevo combate entre los mismos púgiles, los llamados Picapiedra. En mi opinión ha sido una pantomima de combate, ni siquiera midieron sus puños, no duró ni un asalto y casi sin contactos. Está muy claro que fue un combate “apañado” que ganó a los puntos el que salía a defender el título, pero el aspirante seguro que se llevará la bolsa.
El anterior fue hace unos días, parecía que este nuevo iba a ser una repetición, pero no fue así. Uno llegó a pensar que después de la inmensidad de golpes bajos y sucios que se prodigaron los dos contrincantes jamás volverían a enfrentarse. Con más razón, si cabe, cuando uno de los púgiles no podía dormir pensando en que tenía que compartir ring con el otro. Eso ya le dejaba medio grogui.
Da la impresión de que en esta simulación de combate se abrazaron para no caerse, pues los dos iban directos a la lona. Creo que ni ellos mismos se dan cuenta del ridículo que están haciendo.
Siento pena por esos seguidores, cada vez menos, que se dejan engañar tan inocentemente. Algunos se están dando cuenta del “cuento” de estos pretendidos deportistas, pero hay otros que no les importa ni les preocupa. Y quedan los se hacen “ciegos y sordos” para no ver ni oír lo que no les interesa. Los que siempre tienen justificación para lo que hace y dice su campeón, aunque todavía no ha conseguido vestirse como tal, sea lo que sea, y además la culpa siempre será de los demás y no importa que hoy sea negro y mañana blanco.
Recordaré que ese “campeón” ya fue expulsado de su club por su mínimo interés y falta de respeto al juego limpio y democrático. Tengo la seguridad, más bien esperanza, de que se vuelva a repetir, que su club le vuelva a descalificar y espero que esta vez sea a perpetuidad, por su propio bien y garantía de futuro.
A esos simpatizantes incondicionales les diría: “No es malo equivocarse, dicen que es de humanos, y es muy bueno reconocer los errores, dicen que es de sabios. Lo que realmente es malo es equivocarse consciente e intencionadamente, y más indignante y vergonzante es engañar a los demás, sabiéndolo, para mantenerse en sus posiciones”.
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