Impacto de la inmigración ilegal en la UE
El pasado 24 de septiembre, en La Valeta (capital de Malta), tuvo lugar una minicumbre de la Unión Europea (UE) para abordar el actual problema de la inmigración ilegal en el Mediterráneo central. A la reunión asistieron Alemania, Francia, Italia junto a Malta (país anfitrión) y Finlandia (que ostenta la presidencia semestral de la UE), mientras que España y Grecia no fueron invitadas, a pesar de acoger respectivamente, desde enero de 2019, el 59% y 28% de la migración ilegal llegada a la UE por el Mediterráneo, superando al 9,7% de inmigrantes llegados a Italia.
Según un portavoz del país anfitrión (Malta), Grecia y España no fueron invitadas por carecer de propuestas que justificaran su presencia en esta reunión, lo cual me pareció una excusa ridícula, digna de ser investigada. Me explico:
Con apoyo de Bruselas, esta minicumbre había sido fomentada por Francia y Alemania a raíz de la política italiana de “puertos cerrados” efectuada por Matteo Salvini, anterior ministro del Interior italiano (políticamente defenestrado).
En dicho sentido, la nueva presidenta de la Comisión Europea (Ursula von der Leyen) considera prioritario el problema migratorio de la UE y pretende conseguir un amplio pacto sobre inmigración y asilo, incluyendo el control de fronteras, la reforma del status de refugiado y la activación del protocolo de devolución.
Puesto que el asunto principal en la reunión de Malta iba a ser el rescate de inmigrantes por barcos de ONG en el Mediterráneo central y proponer su redistribución automática en ciertos países fijos, Fernando Grande-Marlaska (ministro del Interior español) visitó Roma para exponer a Luciana Lamorgese (ministra homóloga italiana) que la postura española era contraria al proyecto de Francia y Alemania porque excluía los inmigrantes llegados a España, considerando que: ”No se puede parcelar el Mediterráneo dado que la respuesta de la UE debería ser única e igual para todos”.
Comentada la noticia, entiendo que su contenido merece una profunda reflexión.
En primer lugar, la UE solo parece atender un problema cuando se agrava: en este caso debido a la impopular y criticada política de “puertos cerrados” de Salvini, Bruselas fijó esta minicumbre como antesala de una reunión plenaria de los 27 países miembros de la UE, celebrada el día 8 de octubre en Luxemburgo.
Este Pleno finalizó sin acuerdo porque solo Portugal, Luxemburgo e Irlanda apoyaron la propuesta franco-alemana de crear una política europea de asilo (diseñada a su total conveniencia) para evitar otra crisis migratoria similar a la del año 2015.
Así, Grecia, Bulgaria y Chipre la rechazaron enérgicamente, al solicitar su ampliación al Mediterráneo oriental, mientras que España también la rechazó, pidiendo su ampliación al Mediterráneo occidental e incluyendo inmigrantes económicos. Nuestra delegación recordó que España ya había rescatado en el Mediterráneo central con los barcos "Open Arms" y "Aquarius" y afirmó que los países de primera llegada (incluyendo Italia y Malta) no deberían participar en la acogida.
En segundo lugar, estableciendo exclusivamente una redistribución automática de los inmigrantes ilegales llegados a la UE por el Mediterráneo central, se podría incentivar otro “efecto llamada” sobre el tráfico ilegal de personas.
Inversamente, si la nueva presidenta de la Comisión Europea logra establecer un gran
pacto sobre inmigración en la UE, incluyendo su defensa de fronteras y todos los casos
de devolución que procedan, el panorama mejoraría notoriamente.
En tercer lugar, Bruselas parece ignorar la legítima postura del Gobierno de España ante la desmesurada inmigración ilegal que padece por el Estrecho de Gibraltar: ¿acaso no procedería convocar otra cumbre sobre el flujo migratorio del Mediterráneo occidental?
Atendiendo a lo acontecido con Hungría, Austria, Chequia, Eslovaquia y ahora con Italia, la UE solo parece respetar a los países que exhiben políticas inflexiblemente duras.
A mi juicio, la postura del ministro Marlaska ante su homóloga italiana resultó correcta aunque no recibió el apoyo deseado. Posteriormente, España faltó a la cumbre de Malta (al no ser invitada) y ablandó su postura frente al plan diseñado por Alemania y Francia en Luxemburgo, a pesar de perjudicarnos notablemente. ¿Fue una muestra de debilidad? Quizás, aunque vista la desunión habida en el Pleno de la UE, tampoco perdimos nada.
En cuarto lugar, algunas directrices de la presidenta Von der Leyen respecto a la reforma migratoria de la UE coinciden con las “sutiles recomendaciones” realizadas por George Soros (el tiburón especulador de la economía mundial disfrazado de afamado filántropo) en una entrevista del “Concordia Summit” (año 2016). Así, Soros defendía el control de fronteras de la UE y establecer un sistema común de acogida ordenada de refugiados e inmigrantes económicos hasta alcanzar la cifra de 300.000/año, aunque no concretó la previsible duración de su propuesta. Dicho lo cual, me pregunto: ¿acaso pretende Soros destruir la UE con este flujo migratorio?, ¿quién dirige realmente la UE, considerando que, en 2016, Soros invirtió 500.000.000 dólares de su patrimonio para semejante problema mundial? Personalmente, percibo la inquietante sensación de que “Un zorro se está adueñando del gallinero”.
En definitiva, si Bruselas es incapaz de establecer una política unificada de inmigración, podríamos asistir al principio del fin de la UE, sea por su división en diversos bloques o por la deserción de los países perjudicados.
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