Bilingüismo
De entrada, no. No porque esté en contra del bable, sino porque detrás y a través de él se introduce irremediablemente el mal del separatismo. Es muy posible que los que impulsaron este movimiento inicialmente no fueran conscientes de este matiz, importantísimo, y tuvieran la intención de generarlo, pero en España y también fuera ha sido y es la tónica general. Fijémonos en Gales y Escocia dentro del Reino Unido o Bretaña en Francia y Quebec en Canadá; en España, ejemplos tan de actualidad como Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana, Baleares y Galicia. En todas ellas se han colado por una rendija fuerzas que sí tienen claro su objetivo de separar la comunidad del resto, del conjunto que siempre fue España. Por esta razón verdaderos políticos, hombres de Estado que tienen las ideas claras, que no se dejan llevar por las corrientes de opinión, dirigidas, pusieron obstáculos y quienes tenían la autoridad suficiente hasta prohibieron su uso. Este no es el caso de Asturias, donde lo que se llama “bable” no es de uso corriente, quizá sí ciertos giros y construcciones de frase. Intelectuales como el filólogo Alarcos en su última etapa y el filósofo Gustavo Bueno se opusieron a la normalización del bable. Detrás sí van los intereses económicos, las parcelas de poder, no la identidad de Asturias. Van puestos en la enseñanza, en la Administración, en la televisión también, que se tendrán que crear; academias que se abrirán con más fuerza que si del inglés se tratara; diccionarios, gramáticas y literatura varia que habrá, naturalmente, que comprar. Un gran negocio. Todo ello redunda en interés de aquellos que ya están colocados en primera línea; abran las páginas web sobre filología y sabrán de algunos de los que coparán dichos puestos y los principales y quienes son los que con mayor ardor defienden su implantación. El pueblo, como siempre, se deja llevar ante un espejismo y paga estas veleidades.
Nos imaginamos la plantilla que la Administración tendrá que establecer para transcribir también al bable todos los escritos o boletines, notas y documentos que se generen, todas las indicaciones, anuncios, carteles en vías y centros públicos. ¿Se dan cuenta del gasto tan ingente que supondrá al erario público todo ello? Y de esto los beneficiarios, repito, serán los ya colocados; el resto de los asturianos seremos los perjudicados, los paganos. El dinero al establecer el sistema saldrá del Presupuesto del Principado en detrimento de sectores como la sanidad, la enseñanza, mantenimiento, mejora de carreteras, obras públicas, etcétera.
Conozco la dictadura del bilingüismo. Valencia capital, castellanoparlante, ha sido forzada por el “valenciano" a colocar los rótulos, nombres de calles, solo en valenciano; a exigir en los nuevos puestos públicos que se sacan a concurso el conocimiento certificado del valenciano. El caso del catalán en Cataluña ya lo conocemos todos. Imposible acceder a una vacante de trabajo público en Vizcaya o Guipúzcoa.
El nombramiento de la consejera de Cultura, filóloga, ligada al movimiento de la llingua asturiana, no es un buen síntoma para la convivencia entre los asturianos y con el resto de los españoles. Espero que nuestro presidente, Adrian Barbón, rectifique y dé marcha atrás como lo haría un buen político.
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