Santiago, Italia
El 11 de septiembre de 1973, el día que asesinaron a Salvador Allende en el Palacio de La Moneda, el día que acabaron con la democracia en Chile, me encontraba en Sindelfingen (Alemania) trabajando en la cadena de montaje de la Daimler-Benz. Tenía 23 años y no pude retener la lágrima que escapó de mis ojos.
En ese sangriento día terminó uno de los experimentos más esperanzadores de América Latina, a saber, la toma del poder por vías democráticas, mediante el voto, para demostrar que las políticas redistributivas, propiciadas por el socialismo democrático, eran posibles. El experimento duró poco más de dos años. No hubo tiempo para desarrollar las políticas sociales previstas en el programa electoral de la Unidad Popular, votada por 1.075.616 chilenos. La oligarquía, la burguesía, la banca, dueños de los medios de producción y distribución, empezaron el boicot al día siguiente de la toma de posesión de Allende. El papel de la prensa (en su totalidad) anti-Allende, con "El Mercurio" a la cabeza, sirvió de altavoz para la degradación social. En pocos meses desabastecieron el país de Norte a Sur, generando el caldo de cultivo para la protesta y desafección de las clases medias.
Los EE UU (una vez más) no podían tolerar un experimento de este tipo. Su implicación ha quedado definitivamente demostrada tras la desclasificación de los papeles secretos del Pentágono (Kornbluth, "The Pinochet File: A Declassified Dossier on Atrocity and Accountability"): "Chile es un pequeño país de nuestro patio trasero, no tiene relevancia por sí mismo; lo verdaderamente preocupante es que pueda servir de modelo a Francia e Italia" (Henry Kissinger).
De todo esto se habla en la película/documental del director italiano Nanni Moretti que estos días se ha proyectado dentro del Festival Internacional de Cine de Xixón (FICX). No es fácil ocultar las emociones, porque sabes que los testimonios de las experiencias vividas en aquellos días, amén de duras y escalofriantes, no los hacen actores, sino los propios protagonistas, a los que, 46 años después, la congoja les impide proseguir con el relato.
Fueron 250 ciudadanos chilenos, hombres, mujeres y niños, que consiguieron refugio en la Embajada italiana de Santiago y, desde allí, huir del horror hacia Italia, hacia la salvación. Huyeron de una muerte segura, como la de los 31.826 compatriotas asesinados, por el delito de pensar diferente (informe "Rettig").
Me sorprendió, eso sí, que Nanni Moretti no hubiese entrevistado para su documental a un ilustre chileno/asturiano, vecino nuestro de Gijón, el gran escritor Luis Sepúlveda, conocedor en primera persona de los últimos momentos de Salvador Allende (fue uno de sus guardaespaldas). En su penúltima novela, "El final de la Historia", relata los horrores de "Villa Grimaldi".
Estos días, Chile ha vuelto a la lucha, pero ya no estamos en 1973. Los tiempos son otros, tanto en Chile como en Italia. La lucha solidaria, el acogimiento al refugiado, la empatía por el que sufre ya no se llevan. Los golpes de Estado, las dictaduras fascistas, consiguen, con el tiempo, sociedades más domesticadas, donde prevalecen los modelos neoliberales. En Chile ha gobernado el partido "socialista" (¿?) con una Constitución manchada de sangre, emanada de la dictadura sangrienta de Pinochet.
Al finalizar la sesión, tampoco pude evitar la lágrima (46 años después), pero esta vez en compañía de mi esposa... se hace más llevadero.
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