Anécdotas ovetensistas
Mucho me prestan sabatinamente el montón de anécdotas ovetensistas que cuenta Pedro Rodríguez Cortés. Esta vez "Medio siglo de historia en la plaza de España", que completo con la obligada consulta a "Nombres y cosas de las calles de Oviedo", del gran Tolivar Faes. Merece una leve matización que, por supuesto, no es correctora. Pedro no cita a Marcos Peña Royo, en cuyo mandato se completó la plaza para que luego Mateu de Ros se colgase la medalla. Bien recuerdo que unos días antes de su fallecimiento, el 10 de febrero de 1963, mi padre, el alcalde Valentín Masip Acevedo, me hizo filtrar a Luis Alberto Cepeda el fin del equipamiento de esa plaza, lo que dio LA NUEVA ESPAÑA sin firma al siguiente día. Esa misma tarde el primer teniente de alcalde, Antón Rico, se quejaba en mi casa de que la noticia hubiera sido prematuramente publicada, a lo que mi progenitor y yo, en complicidad, callamos.
Por cierto, pero ya sin esa misma seguridad, tengo para mí que el Gobierno Civil no se trasladó desde la entonces calle General Yagüe, edificio que fue tomado por el controvertido Gerardo Caballero, a las veintiuna horas del 19 de julio de 1936, sino que hubo un paso provisionalísimo por el actual edificio de Liberbank/Cajastur, del arquitecto Julio Galán, en la plaza de la Escandalera.
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