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¡Velocidad inadecuada o inoperancia estatal!

1 de Diciembre del 2019 - Eulogio Llanos Verdasco (Pola de Siero)

Los expertos en tráfico vuelven a querer culpabilizar a la velocidad del número de accidentes graves que se producen en carreteras de ida y vuelta, es decir, las que no son autovías ni autopistas. Todos sabemos que no matan las balas, sino la velocidad. Pero no culpamos a la velocidad de las muertes, lo hacemos al que aprieta el gatillo. También lo hacemos al que saca beneficio con su venta (legal o ilegal).

Los automóviles están fabricados, y los ciudadanos los adquirimos, para desplazarnos en el menor tiempo posible de un punto a otro, bien para asistir al trabajo o para disfrutar del ocio, por lo que la velocidad es un factor inherente al desplazamiento y ni mucho menos es la causa principal del número de decesos en las vías, es uno más. Un factor muy importante y que pasa desapercibido es el mal estado de las carreteras: con baches, demasiados puntos negros, pintura deficiente (esencial en la conducción nocturna), mala señalización (excesiva a veces) que desorienta al conductor más que informarle... ¿Y quién es el responsable de esta importante causa de siniestralidad? Pues está clarísimo: quien tiene la responsabilidad de su mantenimiento, "el Estado". Pues bien, nadie pide años de cárcel para los responsables, ni siquiera se culpa, casi nunca, al deficiente estado de la vía; se culpa al sufridor del accidente con el eufemístico título: "Velocidad inadecuada", que quiere decir, "el culpable no es el socavón, eres tú por no verlo". Sin embargo, la DGT sigue la táctica del avestruz, mete la cabeza bajo tierra para no ocuparse de sus responsabilidades y de paso culpa a la denostada velocidad de su propia inoperancia y aprovechando que el Nora pasa por la Pola... aumenta sin vergüenza las sanciones, y así con disimulo se nutren las arcas estatales. ¡Vaya jeta! El colmo del cinismo lo vemos en los accidentes de moteros. La mayoría sufre amputaciones y muertes por un terrible fallo en el diseño de los quitamiedos. Pues ahí siguen y seguirán porque la culpa siempre es de los alocados motoristas: ¡van como rayos! Nos gastamos cientos de millones en políticos, asesores, elecciones a granel... pero no se gasta un duro en lo más necesario: acondicionamiento de carreteras, reparaciones en edificios públicos, adquisición de materiales modernos para escuelas y hospitales (aquí nos echa una mano Amancio y al político del casoplón no le gusta), aumento de plantillas en colegios y hospitales... Se nos caen las escuelas. No hay más que mirar por alto la prensa y día sí, día también vemos cuadros eléctricos que arden, tejados que no quieren ni ver el agua, inundaciones en plantas bajas... Claro, los responsables políticos no invierten un céntimo y es natural, ninguno piensa volver a la escuela. No obstante, debemos darles las gracias por haber construido y acondicionado, incluso con cierto lujo, numerosos establecimientos penitenciarios. ¿Por qué será? Tal vez tengan presente el refrán: ¡Cuándo las barbas del vecino veas pelar...!

Otros factores que intervienen en la siniestralidad son el consumo de alcohol y drogas y las distracciones al volante, pero esto es harina de otro costal, que se amasará a su debido tiempo.

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