El 25N es una fecha internacional: hermanas Mirabal
El 25 de noviembre es el Día de Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres. Se conmemora a las hermanas Mirabal, luchadoras de la República Dominicana que se levantaron contra la dictadura de Rafael Trujillo. El legado de esas valientes Mariposas está vivo en la lucha de las mujeres latinoamericanas que están a la cabeza de las movilizaciones contra el régimen pinochetista de Piñera y resistiendo el golpe de Estado cívico, policiaco, militar en Bolivia.
Sabido es que desde que comenzaron las movilizaciones se conocieron numerosas denuncias de organismos de derechos humanos y organizaciones feministas de golpes, abusos y amenaza de violaciones contra mujeres que participan de las movilizaciones: el método que fuerzas represivas están aplicando en Chile y Bolivia es conocido por las mujeres latinoamericanas. El especial ensañamiento, las vejaciones, la violencia sexual fueron parte del terrorismo de Estado y hoy lo utilizan con el objetivo de disciplinar a esas mujeres que están en la primera línea del combate.
Exigen: "Basta de matar, mutilar, reprimir, violar, abusar de nuestras hermanas bolivianas y chilenas".
Hace 59 años las hermanas Mirabal fueron brutalmente asesinadas en la República Dominicana. El autor intelectual del crimen fue el dictador Leónidas Trujillo, al que ellas se oponían activamente. En su honor, este día se conmemora el Día Internacional contra la Violencia Machista.
La fecha fue designada por primera vez en 1981, en el marco del I Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que tuvo lugar en Bogotá, Colombia.
Colombia, donde se convocó un potentísimo día de paro nacional el jueves, pero que se ha extendido todo el fin de semana para rechazar la represión brutal del gobierno Duque, y se han organizado numerosas movilizaciones, bailes de calle, cacerolazos, para exigir derechos esenciales, también de las mjujeres.
En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
El viernes, en el centro social La Llume, se recordaba que tres mujeres, Nines, Bea, María, están siendo criminalizadas aquí a instancias del sionismo extranjero en nuestra Audiencia Nacional por ejercer solidaridad internacionalista con las mujeres y hombres palestinos. www.conninesporpalestina.org
La Vía campesina internacional, específicamente, ha llamado este 25N a seguir luchando por sociedades conscientes y libres, sin exploración de los seres humanos y de la naturaleza. A la vez que denuncian al sistema capitalista, patriarcal, racista y colonizador, que explota, oprime y atenta en contra de la vida de las mujeres y de la humanidad.
Minerva, María Teresa y Patria Mirabal, las Mariposas, fueron perseguidas, torturadas, juzgadas y finalmente asesinadas en el marco de la lucha contra la resistencia del régimen dictatorial de Trujillo, y sus casos se repiten en muchos escenarios mundiales, pero siguen presentes en las luchas de las mujeres organizadas en todo el mundo.
Los asesinos recibieron asilo en Estados Unidos y murieron de causas naturales. La Justicia sigue pendiente.
La hija y sobrina Minou Tavárez Mirabal decía el año pasado:
"La realidad sigue siendo una en la que la violencia no cesa, en que las agresiones y asesinatos de mujeres aparecen a diario en los medios de comunicación de manera tan frecuente que empiezan a asumirse como algo inevitable. Pero no hay nada de inevitable ni de fatal en la violencia de género, y lo cierto es que no se está haciendo todo lo posible por prevenirla y combatirla.
¿Y a qué se debe que nos cueste tanto avanzar? ¿Que se nos vaya la vida en tratar de construir sociedades seguras, mejores, justas, inclusivas, igualitarias?
La construcción cultural de la violencia contra las mujeres está cimentada en el poder patriarcal, que otorga supremacía masculina a los hombres contra las mujeres fuertemente arraigada en nuestras sociedades. El hombre que golpea a su pareja, que viola a su hija, nieta, hermana, que acosa sexualmente a su compañera de trabajo, que persigue y mata a su exesposa, exnovia, que agrede verbalmente a cualquier mujer, de una u otra manera, expresa la idea de propiedad y el control que sobre las mujeres quieren ejercer los hombres.
Ese modelo de masculinidad machista, hegemónico, enseña a los varones que son dueños de las mujeres y de sus hijos e hijas, que la sexualidad es un trofeo a alcanzar, que las relaciones sexuales son hazañas y proezas de las que se puede alardear. Es un modelo de sexualidad extractivo, deshumanizado, que presiona a los varones a demostrar una y otra vez que son viriles, potentes y heterosexuales. ¡Ése y no otro es el que se expresa y se autosustenta como violencia en las violaciones callejeras, las violaciones masivas y cruentas, las violaciones como armas de guerra, el abuso sexual intrafamiliar, la trata y explotación sexual o el acoso sexual callejero!
Lo peor es que esta situación se profundiza cuando las víctimas son niñas y cuando estas quedan embarazadas como consecuencia de la violencia sexual.
Lo más grave y uno de los grandes problemas que las mujeres, niñas, niños y adolescentes enfrentamos en nuestra región es la impunidad que protege a los perpetradores. Las prácticas de los sistemas de justicia en primer lugar no imparten justicia y se sostienen en paradigmas anacrónicos, opuestos a las recomendaciones establecidas en los instrumentos de Derechos Humanos y basados en concepciones sexistas, misóginas y adultocéntricas que culpabilizan a las víctimas, generan desprotección, revictimización a la vez que pretenden mantener y estabilizar el sistema de opresión.
En los últimos años la lucha y resistencia de mujeres y varones feministas ha logrado dar fuertes avances en el reconocimiento y defensa de los derechos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes. Pero, como sabemos, estos avances constituyen una afrenta al poder patriarcal y traen consigo fuertes movimientos de resistencia y retracción. Hoy vivimos los embates de ese heteropatriarcado, clasista, racista y colonial, que pretende aplastarnos y revertir todas las conquistas que hemos alcanzado.
Las afrentas, el hostigamiento y la radicalización de las violencias en especial hacia nuestros movimientos de lucha y resistencia, hacia aquellas mujeres defensoras de los derechos humanos y hacia todas las mujeres que seguimos avanzando en la conquista de nuestros derechos, es una constante.
Muchas venimos de países atravesados por escándalos de corrupción e impunidad, por el abandono de valores (cuando se han tenido), en los que para esas legiones de ladrones que administran o han administrado muchos de nuestros países se ha perdido el significado de la democracia.
Tenemos que asumir con sabiduría y compromiso que los desafíos prioritarios que convocan a los movimientos de mujeres son también los de la democracia. Esos retos empiezan por no desvincular nuestras reivindicaciones de nuestras agendas nacionales y continuar infatigablemente las luchas por la inclusión en la sociedad, en la política, en los partidos, en los espacios de poder.
La lucha de las mujeres por incorporarse a todos los espacios llevada a cabo en los dos últimos siglos, constituye la más espléndida, noble, valiosa, impactante, de las revoluciones vividas por la humanidad. Hoy más que nunca tenemos que estar fuertes, unidas y alerta, cuidando nuestras espaldas, dando batallas en todos los frentes, porque las violencias no paran.
Hemos marchado con los colores del arcoíris para decir que ya basta de sociedades y gobiernos que siguen tolerando esta crueldad extrema hacia las mujeres. Que ya basta de femicidios ejecutados por las parejas o exparejas, que llegó la hora ponerle punto final en nuestra región a los femicidios masivos, a los femicidios genocidas.
Hemos llegado a dejar clara nuestra voluntad de lucha y resistencia feminista para impedir que el cuerpo de las mujeres siga siendo un territorio de conquista patriarcal.
Caminamos, marchamos porque no es posible que vivamos en sociedades que toleren que los matrimonios forzados, la maternidad forzada, el aborto forzado y el aborto prohibido, las violaciones correctivas, la trata de mujeres, en especial de mujeres trans, indígenas y afrodescendientes, siguen en aumento.
Marchamos, caminamos, gritamos que ya basta de violencia machista, que ya basta de violencia heteronormativa, que ya basta de crímenes de poder.
Esta lucha solo la ganaremos con recursos, con campañas, con política, con participación en todos los espacios de poder, con poder. Exigimos que en los presupuestos de cada uno de nuestros países se asignen las partidas necesarias y justas, que nos pertenecen, para implementar las políticas de Estado efectivas y eficaces en la erradicación de la violencia hacia las mujeres.
No queremos más niñas abusadas y asesinadas, no queremos más mujeres víctimas del heteropatriarcado. No queremos más mujeres, niños, niñas y adolescentes viviendo vidas destrozadas por la violencia.
No toleraremos más frías cifras porque son mujeres, son madres, hermanas, hijas, abuelas, amigas de alguien que las extrañará y rabiará de dolor sin poder entender dónde estarán y responder con el poeta, parafraseándolo, que:
'Están en algún sitio / nube o tumba
están en algún sitio / estoy segura
allá en el sur del alma
es posible que hayan extraviado la brújula
y hoy vaguen preguntando preguntando
dónde carajo queda el buen amor
porque han muerto del odio'.
En un mundo en crisis, en medio de democracias acosadas, amenazadas, las mujeres somos las más habilitadas para decir que sí podemos vivir y organizar nuestras sociedades de acuerdo con otros horizontes, a través de prácticas alternativas, prácticas de asistencia mutua, de 'comunización' del saber, de trabajo cooperativo, de solidaridad... prácticas diferentes de la maximización del rendimiento, de la producción ilimitada, del extractivismo, del patriarcardo, del control generalizado. Lo que no nos corresponde ahora es esbozar esa nueva razón para este mundo. ¡Y lo vamos a hacer!".
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