El Papa en Tailandia
En su pasión apostólica como sucesor de San Pedro y cabeza visible de la Iglesia católica, el Papa Francisco ha visitado Tailandia, un país exótico y original. Para el Papa, una periferia existencial. Tailandia es un país mayoritariamente budista, una forma de entender la existencia humana sin trascendencia religiosa convencional. Los católicos apenas son un minoritario 1 por ciento, pero con prestigio reconocido en campos como la educación, la sanidad y los servicios sociales. Los colegios católicos son muy estimados y demandados por su calidad y libertad educativas, abiertos a todas las familias que deseen una educación en valores católicos. Lo que quiere cuestionar en España la profesora, en funciones de ministra, señora Celaá.
El Papa Francisco, con su gran capacidad para el diálogo, se ha reunido con todos los estamentos sociales, políticos, culturales, académicos y universitarios. Ha celebrado un intercambio religioso con budistas, musulmanes y otras confesiones. Se ha entrevistado con el monarca y con el presidente del Gobierno tailandés. Pero han tenido una especial relevancia los encuentros con el catolicismo tailandés, tan dinámico y auténtico. En sus discursos y homilías ha denunciado los males que padece la sociedad: explotación sexual de niños y mujeres (el turismo sexual, una verdadera plaga), así como la trata de personas y la esclavitud. Ha denunciado, según su terminología, el descarte de los pobres, la explotación de la emigración ilegal, que debe ser sustituida por un acogimiento legal y ordenado. Especial significado han tenido los encuentros con el clero católico tailandés (obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos católicos), al que ha pedido y casi exigido un compromiso serio con la evangelización del pueblo tailandés, con una entrega seria y basada en las bienaventuranzas evangélicas, que no buscan el proselitismo, sino el diálogo y la generosidad. Si la misa celebrada en el estadio nacional ante más de 60.000 personas, algunos budistas y musulmanes o sin religión reconocida, fue un testimonio hermoso y luminoso de la grandeza del culto litúrgico católico. Amenizado con bailes tradicionales en los que destacaban las vestimentas exóticas y plurales de las diferentes etnias.
La misa con los jóvenes en la grandiosa catedral de Bangkok dedicada a la Asunción de Nuestra Señora fue como un viento impetuoso de espiritualidad. En una homilía dedicada especialmente a los jóvenes, les advirtió de los peligros de dejarse arrastrar por el sinsentido de la droga y por los otros paraísos tecnológicos que aíslan y encierran al joven en un mundo cerrado y alienante. Para el Papa, los jóvenes son ya el futuro de la sociedad que viene. El Papa se encuentra muy bien entre los humildes y pequeños. Los niños lo abrazan con emoción. El viaje del Papa Francisco al país de los templos budistas es mucho más provechoso que cierto turismo explotador y miserable. Hoy otra Tailandia menos conocida pero mucho más digna de ser conocida y estimada, como es la de un catolicismo comprometido con los más pobres y necesitados. Un catolicismo abierto a la cultura, enseñanza y medicina.
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