Trascendental
El 10 de julio de 1984, hace más de treinta y cinco años, publiqué un primer artículo en la sección de opinión del periódico de mi tierra ("Heraldo de Aragón") titulado "Amistad". Ya entonces, la amistad se veía comprometida por los cambios en una sociedad que evolucionaba hacia otros intereses. Unos días más tarde publiqué en la misma sección otro artículo con el título "Trascendental", preocupado por la deriva de los medios de comunicación hacia el acogimiento, cuando no la exaltación, de esos valores e intereses materiales, superficiales y particulares, quedando lo trascendental sin promoción mediática, como diríamos ahora.
¿Qué tenemos en los medios treinta y cinco años después?: política, mucha política, especialmente la baja política, la de interés de partido, no la de defensa y negociación de los intereses nacionales o europeos, no la de servicio leal al Estado. Pero... eso es lo que hay. Quejas por la mala administración y la corrupción nacional, regional o municipal. Quejas por la falta de control en los servicios públicos, por la subida de impuestos, por la creciente inseguridad, quejas del que, dependiendo de las administraciones, organizaciones o entidades, no puede hacer nada por sí mismo. Esta sociedad se sumerge sin remisión en el desencanto y en la tristeza. Ya ni el fútbol puede compensar la necesidad espiritual. El Madrid no cedió su campo al Barcelona para una final, ¡buen ejemplo de deportividad! Y mejor no seguir.
Decía el artículo en su final: "No quisiéramos ser criaturas receptoras, pasivas y pasadas de información, sino más bien enriquecidas, maduradas y activadas por una información que potencie nuestra carga humana, por ser... trascendental". Bien pues ¿qué es trascendental?: lo que es importante por sus consecuencias. Los acontecimientos pasan y se olvidan, pero la vida de cada cual está su mano, y debe luchar por que haya merecido la pena vivirla para sí mismo y para otros.
Si tuviésemos todo el dinero del mundo, ¿qué compraríamos con él? Lo más valioso que puede poseer el ser humano es un verdadero espíritu. El espíritu es la fuerza dominante en la mente y el corazón de la persona; cuando esa fuerza esta en los valores que nos hacen seres valiosos, no hay dinero que pueda comprarla. Sin embargo, el espíritu se está entregando al desánimo de este mal presente o del peor que está por venir. Busquemos lo trascendental, mientras nos quede vida. "El fruto del espíritu es: amor, gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad, autodominio. Contra tales cosas no hay ley" (Gálatas 5:22,23).
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