La cerámica de Faro y la desidia astur
Érase que se era un pueblo en el conceyu d'Uviéu llamado Faro, en la parroquia de Llimanes, que guardaba un enorme tesoro: una cerámica milenaria, con referencias que nos llevan a la alta Edad Media y que, en su día, adornó las estancias del Castillo de Gauzón, donde se forjó la Cruz de la Victoria. Una producción artesana que recorrió toda Europa acompañando a los peregrinos de Santiago. Los estudiosos de la materia afirmaban que esta producción alfarera llegó a suponer una de las primeras industrias europeas, con documentos escritos de tal importancia que databan del siglo XII y que llegó a contar con más de 70 artesanos en la zona (documentados en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1749). Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado...
... O casi. Si usted tiene un mínimo de interés por sus raíces, por su cultura, por la economía de su tierra y por el futuro de sus hijos, le invito a que siga leyendo. En caso contrario, enhorabuena: habrá adoptado usted la actitud de nuestros politicastros municipales y autonómicos de todo color que, en los últimos 25 años, llevan prometiendo mil y un planes para evitar la desaparición de este legado y no han hecho absolutamente nada.
Actualmente la artesanía de Faro cuenta con un único productor, José Vega "Selito", hijo, nieto (y más) de alfareros de Faro y que mantiene una escueta pero fantástica producción artesanal a los pies de la Grandota.
Y, llegados a este punto, permítanme explicarles por qué sería bueno conservar este legado.
Motivos culturales. Pocas veces la cultura del pueblo se incardina tanto con la esencia de una colectividad. Asturies es un cúmulo de elementos que, en conjunto, nos hacen ser lo que somos. Quítennos la cerámica de Faro y morirá una parte de nuestra asturianía.
Motivos turísticos. Una producción artesanal de este nivel (que ha sido reconocida en varias ocasiones con los premios nacionales de cerámica) sería un polo de atracción de primer orden, al estilo de Sargadelos, Talavera o Sevres. Máxime a sabiendas que la producción de esta riqueza se sitúa a diez minutos de la calle Uría, en un país tan falto de reclamos de interés al margen del paisaje y el clima.
Motivos económicos. No sólo tenemos que cuantificar la afluencia turística. Un proyecto bien estructurado podría incluir talleres de formación que revirtieran en un aumento de la producción y de la comercialización. La artesanía de calidad es un bien de consumo de alta demanda en este mundo global.
Motivos sociales. Al tratarse de una actividad radicada en un entorno rural, la potenciación de la misma puede resultar en la fijación de la población en esta zona. Nuestra tierra se vacía por falta de oportunidades.
Motivos históricos. Hay mucho que escudriñar aún en nuestro pasado y la pérdida de un referente como la cerámica no haría sino oscurecer el legado de nuestros mayores.
Podríamos añadir muchas más razones de peso para que el tan prometido centro de divulgación-enseñanza-museo de la cerámica de Faro se convirtiese de manera inmediata en una realidad.
Les invito a aquellos que no conozcan esta joya de la cultura popular astur a que se informen sobre ella o a que se acerquen por Faro a descubrirla; los farucos estaremos encantados de mostrar con orgullo nuestro legado.
Y a los responsables de decidir la administración de los bienes públicos les requerimos a que cumplan con su obligación y permitan que la páxara de Faro siga adornando el futuro de las nuevas generaciones. Suya es la responsabilidad, abandonen la desidia.
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