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Violencia de género en Morcín

29 de Noviembre del 2019 - José Antonio de Lillo Cuadrado (Moreda (Aller))

Aquella mañana, los vecinos de Morcín desayunaron con las noticias que se extendían por la comarca. La violencia contra las mujeres no entendía de fronteras. Esta vez la agresión habían llegado hasta sus mismas casas. LA NUEVA ESPAÑA del día 20 de este mes publicaba una información cuyo título era: “Carmen Delgado habla sobre la violencia de género en Morcín”. Según suelen comentar los medios, los agresores son personas cercanas: parejas, exparejas, familiares, amigos... No podía ser. Allí se conocían todos. Sin embargo, no había duda: “... habla sobre violencia de género en Morcín”.

Después de leer con detenimiento la noticia, me pareció que algo fallaba. Era imposible que otra “manada” o algún lobo solitario hubiesen llegado al concejo. Pero tenía que ser cierto puesto que el hecho estaba publicado. Volví sobre el texto para ver si me había enterado bien de su contenido. Aunque lo tenía delante, no acababa de creerlo. Casi rendido, di un último repaso. Y claro: el fallo estaba en el título. Las palabras no estaban en el orden que debieran. Esto explicaría que los vecinos, sin dar crédito a lo que habían leído, hubieran entendido el mensaje al pie de la letra. Seguramente el corresponsal quiso decir “Carmen Delgado habla en Morcín sobre la violencia de género” y no “... sobre la violencia de género en Morcín”, que no es lo mismo. Se le habría ido el santo al cielo. Volvieron las aguas a su cauce. La charla les devolvió el sosiego: en las laderas del Aramo no había ningún agresor ni se lo esperaba.

Las palabras tienen bastante libertad de movimiento en el enunciado. Su posición no es inocente. Hay unos límites que no pueden saltarse a la torera y no respetarlos lleva a interpretar el texto al revés. Un cambio de orden en cualquier escrito, breve o largo, pone patas arriba su significado. Hace tiempo leí una información que comentaba el esguince que había sufrido un entrenador de un equipo de fútbol. Llamaron al médico. El escrito estaba dispuesto de tal manera que era el galeno quien había causado el daño al paciente. Todo el mundo sabe que no es lo mismo un viejo amigo (de toda la vida) que un amigo viejo (entrado en años). O, lo que es lo mismo, calcetines para caballeros de lana. Si el baile de palabras está en el título, peor, pues se supone que este es un resumen o anticipo del contenido.

Quien trabaja con la pluma (ahora el ordenador) debe tener la Gramática y el Diccionario entre sus amigos más selectos. No perdonan que se juegue con ellos. Dejan en mal lugar a quien los abandona en un rincón oscuro para que se cubran de polvo, como le sucedió al arpa de Bécquer.

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