América Latina en su laberinto (3). Divide y vencerás
Simón Bolívar tuvo un sueño y se quedó en eso: Un sueño. Mucho se ha escrito sobre el Libertador, como estratega, como soldado, como visionario y hasta ha sido desnudado en su humanidad por García Márquez, en su polémica novela, "El General en su laberinto"(1989); pero nadie discute que su sueño por construir una Gran Colombia, tenía menos que ver con lo onírico y más con la realidad que venía del norte. Los EE UU, apuntaban como "nación emergente", mientras en el Sur de América, los criollos y las incipientes élites sólo buscaban como quedarse con el trozo de tarta que la descolonización había desatado. Así nacieron los países que hoy configuran ese potencial humano y de recursos envidiables que es América Latina.
La Historia de Europa es una tragedia continua, azotada por las guerras, la inclemencia, el terror de las monarquías absolutistas, la peste, el hambre. El Viejo Continente también fue la cuna de las ideologías totalitarias (fascismo, nazismo, estalinismo...), pero 1950, marcó el punto de inflexión. No se podía seguir así y, tras finalizar la segunda Guerra Mundial, desde las cenizas y, en plena guerra fría, se empieza a construir la actual Europa. Nadie daba un céntimo por el proyecto, ¿Qué tenían que ver un holandés con un italiano? O ¿un sueco con un portugués?...Hoy, la bandera de la UE preside todos los organismo públicos de los 28 países que conforman la Europa Unida
Pero volvamos al malogrado sueño de Bolívar, ¿qué diferencias hay entre un peruano y un ecuatoriano?, ¿entre un salvadoreño y un hondureño?, ¿entre un uruguayo y un paraguayo?... Ay, amigo, no se le ocurra confundir las banderas, ¡hasta ahí podíamos llegar! La patria es la patria y si no que se lo pregunten a Abdón Calderón, paradigma del mito y de la defensa de la bandera y de la patria.
Lo cierto es que hay más diferencias (notables diría yo) entre un vasco y un cántabro, en España (a tan solo 90 km de distancia: idioma, cultura, historia...), que entre un uruguayo y un venezolano (7.000 km).
El sueño de Bolívar estaba plagado de fantasmas y hoy sigue estándolo, porque los herederos y descendientes de aquellos pequeños "libertadores" que medraban tras la figura de Bolívar se convirtieron en los "dueños" de los medios de producción y del poder en sus respectivos territorios. Cerraron con ardor patrio las fronteras, inculcaron los sagrados principios de la patria y pusieron las bases de sus prósperos negocios con el "amigo del norte", facilitando la explotación de los recursos naturales. Era necesario, por otro lado, buscar un chivo expiatorio, para explicar sus propios fracasos, rapiñas y responsabilidades. Así nació el mito de los 500 años y la pérfida España.
Bien es cierto que, ante la iniciativa de la construcción europea, surgen propuestas "unificadoras" y se recupera el sueño de Bolívar de 1826 (el del Congreso Anfictiónico de Panamá, que pretendía la unidad de Latinoamérica, mediante la constitución de la "Confederación Hispanoamericana de Naciones"). 125 años más tarde, nace la CEPAL, pero nada que ver con el sueño de Bolívar, ya que, al nacer bajo los auspicios de Naciones Unidas, duerme el sueño de los justos, al igual que el sinnúmero de pseudoorganismos e iniciativas cargadas de retórica vacía para beneplácito de sus propulsores de una u otra ideología (MERCOSUR, ALBA, ALALC, ALADI, PACÍFICO...). Nunca han entendido que, la creación de organismos supranacionales, no pueden estar vinculados a una ideología concreta, sino a la consecución de un bien superior, que permita aunar esfuerzos para poder competir en un mundo globalizado y mejorar la vida de millones de ciudadanos. A las actuales élites políticas, herederos y descendientes de los "caudillitos" que crearon las banderas, las fronteras ficticias, mientras se enriquecían, no les interesa una América Latina unida que mire por el bien común.
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