La Asturias vaciada
Corren estos días ríos de tinta sobre la España vaciada, en nuestro caso la Asturias vaciada. Hasta el propio Gobierno en funciones le preocupa lo del despoblamiento rural y estudia crear incluso un ministerio para que se ocupe de este fenómeno social. Uno que ha nacido y vivido en el campo toda su vida, que todavía hoy, después de jubilado, sigue pegado al terruño que nos vio nacer, siente cierto sonrojo cuando escuchamos a los "expertos" dar soluciones para evitar la sangría de nuestro medio rural.
Señores, con todos mis respetos y sin acritud, ustedes no tienen ni zorra idea de lo que hablan cuando dicen que todos los males del despoblamiento rural se solucionarían con la aplicación y desarrollo de las nuevas tecnologías. No estamos, ni mucho menos, en contra del progreso, pero de ahí a pensar que porque internet y todas las nuevas tecnologías lleguen a los pueblos se iba a terminar con el éxodo rural es una total utopía.
Primero hay un viejo refrán español que dice: "A buenas horas, mangas verdes", en clara alusión a cuando una solución llega demasiado tarde para atajar un problema.
Segundo, el éxodo rural comenzó en la década de los años 70 y 80 del pasado siglo, y desde entonces ningún gobierno ha sabido poner en marcha políticas que pusieran freno a esa situación. Yo creo que a los gobiernos, de todos los colores, nunca les preocupó demasiado el problema rural, entre otras cosas porque siempre ha sido un sector sumiso, que nunca dio demasiados quebraderos de cabeza en sus reivindicaciones.
Tercero, el grave despoblamiento que actualmente sufre el medio rural asturiano, ya no se soluciona con que las nuevas tecnologías lleguen a los pueblos. Antes de que lleguen las nuevas tecnologías tendremos que conseguir que lleguen nuevos habitantes (tenemos en la actualidad más de 700 pueblos en Asturias sin un solo habitante). De qué sirve ahora querer hacer revivir nuestros pueblos si ya no nos queda el elemento fundamental: los seres humanos, los campesinos y ganaderos.
Cuarto, no estoy de acuerdo en que la gente se va de los pueblos por falta de las nuevas tecnologías. La gente joven se va de los pueblos porque en ellos no ven futuro, como no lo veían hace 40 años. Falta asistencia médica de proximidad, muchas aldeas están a muchos kilómetros de un centro de salud; faltan vías de acceso adecuadas, muchas veces todavía nos encontramos con verdaderas caleyas para acceder a muchos caseríos. Las escuelas han desaparecido de las aldeas, niños de 4 y 5 años tienen que recorrer diariamente decenas de kilómetros en autobuses para ir a la escuela. El día que se comenzaron a cerrar escuelas en los pueblos, ese día se certificó la muerte de los mismos.
Quinto: La rentabilidad del medio rural. Este es otro de los temas que los grandes "expertos" no parecen querer analizar en profundidad. En Asturias nuestro sector primario se asienta en dos pilares fundamentales: la agricultura y la ganadería, que a su vez tendríamos que dividir entre la producción de leche y la de carne. En ambos casos los productores asturianos se han de enfrentar a un mercado competitivo, en clara desventaja con otros países europeos. En el tema de la leche nuestra región ha visto cómo en los últimos años se cerraban miles de explotaciones, debido a la masiva importación de leche extranjera por parte de las industrias lácteas, tirando por los suelos los precios de la producida aquí y haciendo inviable su producción. Otro tanto sucede con la carne, pese a la gran calidad de las reses que se ceban en Asturias, también en este apartado el ganadero se tiene que enfrentar a la importación masiva de carne que España le compra, fundamentalmente, a Argentina. Así pues, el campo asturiano no es solo nuevas tecnologías lo que necesita, que también, sino una profunda transformación, en lo sociológico y en lo económico.
Hace 40 años Asturias rompió el eslabón de la cadena generacional entre padres e hijos en el sector campesino, y eso no se soluciona por mucha fibra óptica que hoy les queramos poner a los pueblos, sencillamente porque estos se han quedado vacíos.
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