Queridos profesores
Son las 4.30 de la mañana y estoy sentada por cuarta noche en una butaca de acompañante del HUCA.
No puedo dormir del dolor y la angustia que siento y necesito gritarlo al ver a mi hija acostada en la cama al lado.
Esto es una reflexión para todos los equipos docentes, pero en especial para el equipo del Instituto Aramo de Oviedo, al cual mi hija en un 99% adora y no quiere dejar porque solo un 1% de este equipo...
No voy a valorarlo, simplemente quiero que lean está carta y reflexionen, que la vida es más valiosa que el orgullo de saber vomitar conceptos.
Queridos profesores, me gustaría que hiciesen una reflexión mientras leen está carta. Sé que son verdaderos portentos en lo que se refiere a la cantidad de conceptos que saben sobre la materia que están impartiendo, pero ser un buen profesor no solo implica saber vomitar cada palabra, número o verso, que soy consciente de que saben perfectamente.
Ser profesor es saber transmitir, saber emocionar, saber llegar al alumno. Que desee llegar a clase, que te entienda, que tenga curiosidad por saber más...
Ser profesor es llegar a todos, estimular al más inteligente y al que no lo es, hacer que pueda llegar.
Un buen profesor es aquel al que recuerdas por cómo te enseñó, por cómo te acompañó a comprender su asignatura y a enamorarte de ella.
Pero, cuidado, un buen profesor no es el que suspende a la mayor parte de la clase sin importarle, no es el que a principios de curso tiene 25 alumnos y se queda con 15 porque abandonan, no es el que no empatiza con el alumno, no es el que frustra las expectativas de alumnos brillantes que tienen la mala suerte de tropezar con ellos...
Ser profesor no es jugar a ser Dios. Ser profesor es "educar" como decía Santo Tomas: "La naturaleza no tiende solamente a la generación de la prole, sino también a su conducción y promoción al estado perfecto del hombre en cuanto hombre, que es el estado de virtud".
Y dicho esto, si eres profesor de los que solo saben vomitar sin llegar, tal vez es hora de dedicarte a otra cosa.
Si por el contrario eres de los que empujan, enhorabuena, estás ayudando a tener buenas personas que ayuden a cambiar el mundo.
Gracias por todos los que tienen vocación, y los que no, por favor, reflexionen antes de entrar en clase hoy.
Mayte García González
Oviedo
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