Cuba, transición y libertad
Los Reyes acaban de realizar una importante e histórica visita a Cuba, esa querida isla caribeña tan apreciada para España que un día tuvimos que dejar sin honra y sin barco. Y todo porque aquellos nefastos gobiernos de Madrid se negaron a conceder a los cubanos una independencia a la que tenían todo el derecho, dando así fin a un largo colonialismo que fue beneficioso para Cuba y para España.
Sí, porque allí llevamos fe, idioma y cultura, y de allí obtuvimos nosotros grandes riquezas, muchas de ellas de mala manera por malas gentes que se valieron de la tiranía y la esclavitud para enriquecerse. La tolerada y consentida esclavitud (asaltar poblados africanos y llevar a hombres y mujeres, como si fueran animales, en las bodegas de los barcos, para hacerlos trabajar en Cuba a golpe de látigo) es la parte negra e indigna de nuestra colonización en ultramar. Y con ella tiene que pechar nuestra historia. Todo esto justifica el que nos fuéramos de Cuba sin honra. Respecto a lo de sin barcos: luego lo veremos.
Cuando tuvimos que dejar Cuba, esta hermosa isla fue de mal en peor. Los EE UU, que habían respaldado la insurrección y nos habían combatido a muerte por todo el territorio cubano, implantaron en él toda su influencia y poderío, consiguiendo un contrato draconiano, por tiempo indefinido, para establecer una base militar en Cuba, cuyo gobierno era un títere del Tío Sam. Y lo siguieron siendo los que le siguieron dictatorialmente, hasta Machado y Batista. Y entonces es cuando gente importante cubana que lidera el abogado Fidel Castro inicia en Sierra Maestra una revolución para acabar con las dictaduras y la influencia norteamericana.
Bueno, todos sabemos lo que ocurrió después. Fidel Castro traicionó a la revolución y al pueblo cubano al echarse en brazos del comunismo soviético, creando una dictadura peor y sangrienta. Que ahí está y sigue, si bien un tanto "descafeinada" y con visos de un posible cambio mañana. Y allí sigue, y seguirá, en Guantánamo la base militar USA que un día concedió a este país y a perpetuidad aquel gobierno títere que siguió al nuestro en las postrimerías del siglo XIX.
Aquellos traicionados compañeros que encabezaron la revolución con Fidel Castro se enfrentaron a él, que los persiguió a muerte. Entre ellos estaba José Luis Sauquillo Zamora, que logró huir y se vino a España, con otros compañeros, y en Madrid lo conocí. Me unió una buena amistad a este líder cubano, que era uno de los cerebros del fracasado desembarco en la bahía de Cochinos, que fue una gran matanza, en la que di por muerto a Sauquillo. Cuando su historia publiqué en LA NUEVA ESPAÑA, me llamó por teléfono una señora de Avilés, que dijo ser tía suya, para decirme que su sobrino había logrado salvarse de aquella matanza y que como piloto comercial había muerto en los EE UU en un accidente con su avión. Lo sentí porque era una gran persona, un idealista y un soñador, que mucho me contó y supe sobre la revolución cubana, y ya en sus comienzos en Sierra Madre mi amigo José Luis Sauquillo Zamora ya comenzó a recelar de Fidel Castro, "el muy traidor".
Resulta sorprendente que EE UU respaldara a los cubanos en su guerra contra España cuando en su país, con su Séptimo de Caballería, combatía y exterminaba a los indios pieles rojas (sioux, apaches, comanches y demás tribus), que eran originarios y primeros habitantes del territorio americano, que luego confinaron en vergonzosas reservas mal atentidos y olvidados. Y en este respaldo a Cuba, el Ejército norteamericano nos causó miles de muertos en tierra y mar. En el mar, con el hundimiento de toda la escuadra española que mandaba el almirante Cervera, en 1898. Nuestra Armada estaba formada por navíos viejos y mal artillada, y la enemiga era todo lo contrario. Y así salimos de Cuba, como merecíamos, sin honra y sin barcos. El abandono de nuestro imperio colonial, en el que no se ponía el sol, no pudo ser más triste y dolorosa.
Y en España, aquella España de Valle Inclán, Unamuno y Baroja, las cosas no podían ir peor después de la invasión napoleónica, las guerras carlistas y la guerra de Cuba, última contienda colonial.
Cuba, esa hermosa perla del Caribe, necesita también una transición y cambio político para acabar con tanta opresión y dictadura para que pueda conseguir una libertad que no ha tenido nunca. Bueno, pues brindemos por esa nueva Cuba con un cubalibre. ¡Voilà!
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