La salud de ASEM (Empresa Mujer)
Cuando abrí las puertas de mi negocio en 1981, yo solo tenía 21 años.
En aquella época alguien que, tan joven, se zambullía en el mundo empresarial como autónomo era simplemente un loco. Si además eras mujer, entonces te quedabas en una loca chiflada, prepotente con afán de protagonismo y demasiada ambición que acabaría tirada en la cuneta. Aquellos tiempos terriblemente difíciles para las mujeres estaban cambiando. Dejar atrás lo anterior, ya obsoleto, y adentrarse en el esperanzador futuro que se abría inmenso ante nosotras era un reto que se nos ofrecía dulce y picante al mismo tiempo.
En esa época, ya los noventa, toda clase de asociaciones vieron la luz. Fue un momento histórico que llevábamos décadas esperando.
Es entonces cuando ASEM comienza su andadura. Surgía como un camino nuevo que nos conduciría a puerto seguro todas juntas de la mano. Y yo me asocié entonces, como tantas otras, esperando encontrar un apoyo entre mujeres con los mismos problemas e inquietudes que yo. Efectivamente desde la directiva te hablaban de ideas, proyectos, futuro...
La sensación del liderazgo estaba siempre presente. Una directiva que lanzaba al viento sus ideales y unas asociadas con quienes no se contaba casi nunca. Sinceramente a mí me parecía más una comida o cena de vez en cuando entre amigas que un proyecto serio de asociación empresarial.
Viendo que aquello cada vez se gestionaba peor y harta de pagar una cuota anual de forma absolutamente inservible, decidí darme de baja. Si la memoria no me falla, eso fue en torno a 2006. Y así me quedé en mi exitosa (debo reconocer) andadura profesional sola, aunque observando desde fuera los cambios que en la asociación se producían. Las cosas solo hicieron que empeorar y ya en 2018, con una junta directiva absolutamente resquebrajada y fracasada, vi cómo de todo aquel desastre surgía un grupo de mujeres valientes dispuestas a recoger los pedazos y tirar adelante con aquello. Me gustaron sus propuestas y su forma de ver las cosas. La valentía con la que afrontaron la situación, cuando lo fácil hubiese sido salir corriendo y dejarlo morir por sí solo. En primavera de 2019 volví a darme de alta ilusionada, por fin se vislumbraba una luz en la asociación.
Y ahora, después de tantos años de asociada y no asociada y vuelta a asociar de nuevo, me permito hacer una reflexión profunda que quisiera compartir con todas vosotras.
Pertenecer a ASEM no es cuestión de liderazgo. Lo verdaderamente importante aquí somos las asociadas. Sentirnos formar parte de un equipo. Encontrar en Empresa Mujer un lugar donde poder debatir y compartir. Gestionar proyectos y debatir conflictos. Integrar a las asociadas en un proyecto de comunicación que sea pionero, sin precedentes, algo que las juntas directivas anteriores no llegaron a vislumbrar. Tan preocupadas estaban en tener la mejor líder que se olvidaron de desarrollar la mejor gestión. Tenían un proyecto basado en el liderazgo y nunca en objetivos, como hubiese sido deseable.
Por eso falló.
La junta actual, con muy poquitos meses de vida, ha puesto rumbo a ese destino. Donde la asociada sea eje principal y motor del grupo. Con una presidenta y su equipo al servicio de la asociación, y no al revés, como había ocurrido en el pasado.
El mundo actual nos demuestra día a día que confiar en un líder es estar vendido. Los líderes siempre son partidistas, no creo que nadie dude ya eso.
Las asociaciones se gestionan con equipos y proyectos claros y concisos que agrupen e integren a sus asociados.
Compartir para conseguir. Todas juntas, como debió haber sido desde el primer día. Para no vernos inmersas en este trae y lleva de dimes y diretes que no aporta ningún beneficio a nadie.
Pongamos rumbo al futuro. Permitamos que esta joven junta tenga su oportunidad. Dejemos atrás el pasado. Su gran reto es implantar un proyecto de comunicación absolutamente pionero en esta asociación.
Ana López-Cancio, presidenta, al igual que otras muchísimas asociadas, tienes toda mi confianza y apoyo en esta andadura que ahora comienzas. Y mi gratitud por la valentía y determinación que demuestras cada día sin flojear en busca de un futuro que, para todas y especialmente para las más jóvenes, pueda ofrecerse más tranquilo y justo.
Hazlo por todas nosotras y, sobre todo, por las que vengan detrás.
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