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España, un país al borde del sumidero

8 de Diciembre del 2019 - Constantino Díaz Fernández (Oviedo)

El pasado martes, día 3 de diciembre de 2019, se ha procedido a la constitución de las Cortes de la XIV Legislatura, formadas por aquellos diputados que resultaron electos en los últimos comicios celebrados del 10 de noviembre, y que, por primera vez, alcanzan la cifra récord de 19 formaciones políticas distintas presentes en el Congreso. Una atomización de esta Institución jamás conocida hasta la fecha, y que, por tal razón, no predice buenos augurios para la normal actividad parlamentaria y consecuencias derivadas. Se abre, pues, una nueva etapa política en nuestra nación, probablemente una de las más inciertas de cuantas llevamos en nuestra aún joven democracia, con unos mimbres que harán muy difícil la labor de tejer el cesto de un Gobierno estable y con suficientes garantías para afrontar los múltiples y complicados problemas a los que está enfrentado el país. El grotesco y bochornoso espectáculo que una importante parte de los diputados de esa Cámara protagonizaron en el acto de la toma de posesión de sus escaños, con variopintas e impresentables fórmulas, aceptadas, para más inri, por la presidenta de turno del Congreso, la catalana Meritxell Batet, política perteneciente al PSC (Partido Socialista de Cataluña) y de sospechosa fidelidad a nuestra Constitución e integridad de la nación española, no admite parangón, y, sin duda, pone en solfa la seriedad y el compromiso exigible a una institución tan básica para el funcionamiento del Estado como es el Congreso de los Diputados. Viendo las imágenes de este acto, transmitidas por todas las televisiones del país, amén de otras cadenas extranjeras, que tuvieron que causar vergüenza ajena a cualquier espectador ecuánime y sensato, no he podido evitar preguntarme a mí mismo, con una gran dosis de estupor, cómo los españoles hemos sido capaces de concentrar allí dentro, en tan pocos metros cuadrados, a tantísima gentuza de tan variopinto pelaje. La cosa no era fácil, pero la frivolidad, unida a la baja capacidad de análisis de las repercusiones que se pueden derivar del importante acto de ejercer el derecho al voto, han hecho el milagro. Ahora, cuando el asunto ya no tiene remedio, salvo repetición de los comicios, cuestión más que improbable, al menos a medio plazo, nos tocará afrontar las consecuencias, a todos, inocentes y culpables, y, por lo que se puede empezar ya a atisbar, no serán pocas ni banales.

Las apócrifas negociaciones que el PSOE está llevando con la formación independentista ERC, con la que seguramente ya tienen todo el pescado vendido, para investir al artero y mendaz Pedro Sánchez-Castejón como presidente, al precio que haga falta, para constituir un nuevo Gobierno de coalición con la izquierda radical representada por Podemos, que contará, además, con un abigarrado grupo de partidos de toda calaña, hacen sospechar, con bastante fundamento, que nos avizoran tiempos difíciles, con fuertes marejadas, mar de fondo y vientos duros del Nordeste, embarcados en una nave con un peligroso iluminado al timón. Es muy probable que en el transcurso de pocos días se empiecen a vislumbrar las consecuencias, aunque espero que, antes de ello, al menos, nos dejen comer el turrón sin demasiada zozobra, y tomar las uvas sin elevado riesgo de atragantamiento. Lamentaciones aparte, y siempre desde de mi modesta opinión, si alguien no lo remedia, y no parece que tal cosa pueda suceder, veo a España al borde del sumidero, con un alto riesgo de arrojar por el desagüe todo lo positivo que la democracia, con sus luces y sombras, había venido consiguiendo para mejorar la vida y el estatus social de los españoles. Parafraseando a Lucas 13:28: Allí será el llanto y el crujir de dientes...

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