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Una nalgada es la esencia del amor, es educar

16 de Diciembre del 2019 - José Viñas García (Oviedo)

Tratar de justificarse con protocolos puramente teóricos (no digo que fuera de lugar) deben justificar sus años de estudios baldíos. La mejor carrera para sentirse orgulloso de la enseñanza de un niño es haber nacido entre muchos, es haberlos mamado, luego criado queridos; y cuando grandecitos, decirte: “Estos hombres son mi propia cosecha, los he sabido educar bien sin necesidad de folios teóricos sin más”.

Cuesta mucho, no se trata de simples enfurruños o pataletas, mucho menos se trata si el niño quiere el cuello de la mamá o el papá. Los niños van por delante de los padres o abuelos, saben a quién deben hacer o pedir según qué cosas para que se les conceda y saben a quién no pedírsela porque no se las daría desde muy tierna edad. Por lo tanto, si sabe discernir todo eso, está capacitado para exigirle disciplina y nada de consentirles caprichos cargados de lloros y pataletas sin sentido.

Entiendo que ustedes que sacaron esa ley de protección del menor ahora quieran disculparse así mismas de tamaña desproporcionalidad legal. Nadie quiere a un niño como su madre, padre y abuelos; cuando le dan una nalgada no le están maltratando y domando, le están educando. Ahora ustedes están viendo y recogiendo los efectos de esa ley protectora: adolescentes que pegan a sus padres, que buscan peleas fuera, que son adictos a todo tipo de vicios y juegos, se unen en manadas para violar, no respetan nada. Toda la disciplina que dejaron de aplicarle, ahora la ponen en práctica cuando mayores. Si quieres enderezar una vara para que salga un mástil derecho cuando crezca, hazlo desde sus inicios; cada tiempo que dejes pasar, será más difícil, y llegará un momento que no podrás, será necia y se romperá antes de dejarse doblegar. Así ocurre con el proceso educacional de un niño. Todo lo demás es desplegar nuestra fantasía del buenismo imperante para, cuando observemos los resultados, darnos con las narices contra nuestra equivocada y exagerada teoría.

Como ven, no hace falta toda una página para hacer un manual educativo de los niños: disciplina, fuera caprichos y nada de consentimiento que exija por las malas. La solución a todo, además de mala o buena cara, una buena nalgada y que llore un ratito. Y poniendo mucho amor y responsabilidad en ello, siempre buscando lo mejor para ellos el día de mañana. Lo demás puede resultar con algunos niños, pero la realidad es que, si les vas concediendo sus pataletas, ponte luego a privarle de la próxima. Está claro que siempre hay que tratar de hacerlo por las buenas, con palabras y ejemplos que pueda interpretar, pero luego no queda otra. He tenido tres hijos, les di cachetes, pocos; todos me dolieron más a mí que a ellos. Mi madre nos pegaba con lo que tenía a mano y con frecuencia, es que éramos terribles, ¿aprendimos a golpe de palo? ¡No!, era amor lo que desprendía esa escoba en todo su esplendor. Por eso la quisimos tanto, por eso intuyo y compruebo que mis hijos me quieren: por martirizarlos... ¡Venga ya!, déjense de bobadas, nadie quiere más a un hijo que sus propios padres para ahora venir gente ajena a encarcelarlos o separarlos de ellos por reprenderlos. Si son responsables de todo lo que hagan hasta mayores, también deben ser los que los eduquen sin maniqueísmos y moralinas impuestos por estos colectivos retrógrados para todo.

Si fuera ahora, nuestros maestros, padres, nosotros mismos, estaríamos encarcelados por cachetes dados. ¿Saben qué se hubiera perdido?, lo que somos. Estoy orgulloso de ser como soy, jamás metería a mi madre y a mi maestro Don Ángel en la cárcel (no por un cachete) por darnos a retorcer. Allá donde estéis, gracias por amarnos y enseñarnos lo poco que cada cual pudo asimilar dentro de su capacidad. No todos pueden ser terapeutas especializados, pero seguro ustedes lo fueron sin fisuras. Un beso enorme.

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