Bestialidad de condena
Es igual que no hubiera testigos, es igual que la víctima se contradijera una y otra vez, es igual que la víctima pidiera insistentemente que no quisiera que les ocurriera nada a los jóvenes en cuestión... es igual. Cuando por el medio hay una menor, la cosa está jodida, aplican jurisprudencias sin más, sin interpretar que cada caso (es ese caso) nada tiene que ver con el anterior. El perdón de la víctima debería tenerse en cuenta siempre, pero estamos en un mundo contradictorio y relamido.
¿Qué jueces pueden aplicar esta desproporcionalidad de sentencia? No vamos a entrar en comparaciones, todos sabemos de qué hablamos. Esos chicos están pagando toda esta presión social y mediatización que hacen colectivos que, si bien pueden llevar a concienciar a algunas personas, acarrean este tipo de situaciones anormalmente asumibles.
No es posible que solo con la declaración de la víctima (con todas sus contradicciones) se condene por algo así (punible sin duda) a 38 años de cárcel. ¿Hemos perdido la cabeza? ¿La han perdido jueces y abogados acusadores? Tiene razón la abogada defensora: “Es una bestialidad de sentencia”.
De esos 38 años, ¿cuántos años debieran caernos a todos nosotros, incluidos esos jueces capaces de tamaña bestialidad? A la sociedad puritana, la de moralidad suprema, la de la viga en ojo ajeno, la retrógrada, la hipócrita, la consentida, la educadora... De esos años, cuántos les pertenece a los padres y profesores de los condenados y de la víctima por educarlos pésimamente mal, sin disciplina y consentidos hasta el extremo de ver lo que observamos.
Recurrirán, y seguro las altas instancias serán más ponderadas y consideradas, pero debemos asumir que quien dictó esta sentencia no merece estar para esos menesteres. Tienen razón los chicos condenados, son unos pardillos a los que les jodieron la vida. Por toda esta moda de la deontología sin límite, donde quien tenga un mal día, una torpeza, un desliz, error o equivocación, estará la “santa inquisición” para meterle en la hoguera. Eso de brujas y malignidades pensábamos que eran de otro tiempo a olvidar, pero me temo que está el ejército de puritanas dispuesto a recuperar costumbres olvidadas.
Cárcel de 38 años, es toda una vida. No mataron a nadie, por el amor de Dios. ¡Recapaciten, podría ser uno de sus hijos! Dónde dejan el perdón, dónde dejan la reinserción... ¡ya! Ustedes son perfectos, perfectas. Lo siento, no me lo creo. La perfección la buscan en los demás, mientras son lo mismo, han tenido las mismas debilidades y las mismas imperfecciones.
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