No somos robots
Un sábado pasado leía en la prensa que los creadores de una serie, supongo que televisiva, afirman que el libre albedrío del individuo no existe, y que nuestro subconsciente esta fuera de control. Parece que hay proyectos de robotizarnos a todos. Al final añade que los humanos somos fácilmente manipulables, ¡ah!, en ese caso para qué convertirnos en robots, es mucho más barato dejarnos como estamos. La manipulación está instalada en el sistema y crece según se va instalando la globalización, es más, ese es el sistema sobre el que se asienta el poder, el poder político, religioso, comercial, etcétera, y a su vez, esos poderes están manipulados por otro poder: "El mundo entero yace en el poder del maligno". (1 Juan 5:19), pero eso no quiere decir que no podamos luchar o atrevernos contra la manipulación, con nuestro propio albedrío: "No diga que tiene amor quien no tiene atrevimiento" (Calderón de la Barca). Eso es, sí señor. Hay que atreverse contra la maldita propaganda que intenta anular la iniciativa moral para envolvernos en su sueño de supervivencia sin conciencia. Al día siguiente, domingo, asistí a un miniconcierto de violín donde participaba mi nieto Daniel, y uno de los niños, Alejo, se trastabilló un par de veces; la primera reaccionó volviendo al principio, la segunda, en un gesto de rabia, rompió una lágrima. Este chaval demuestra con su coraje la voluntad o el atrevimiento necesario para alcanzar la meta de su libre albedrío en pos de la música. Naturalmente, recibió el aplauso más largo, propio de la admiración que la voluntad y el coraje se merecen. Pero... al llegar el lunes, me entero de que alguien o algo -porque no todos los algo son alguien- ha asesinado a la nieta de mi amigo Adolfo. Voy y uno mi corazón al suyo, mientras una lágrima le suplica a mi Dios que envíe a su juez para apartar a las cabras de las ovejas, o a los robots sin amor ni conciencia de entre los humanos.
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