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Lo que nos espera

17 de Enero del 2020 - Juan Goti Ordeñana (Oviedo)

Hacía cuarenta años que nos habíamos olvidado de la era franquista. Los que vivimos en ella, y yo con 5 años estuve dentro del Cinturón de Hierro de Bilbao, ciertamente, no queríamos aquella situación, pero la convivencia social y la economía iban creciendo, llegando a gran nivel de paz y tranquilidad. Habíamos pensado ya superadas las diferencias que habían surgido del desastre de la II República y con motivo de la guerra. A la muerte de Franco asumimos que se había terminado una era, y que era necesario soñar con una nueva época, que fuera continuación de aquella prosperidad económica y situación social, pero con un cambio político. Para qué recordar el nerviosismo que se vivió en aquellos momentos porque había que superar muchas diferencias, que se superaron.

Se advertía en la sociedad que, aunque considerábamos el nivel económico al que habíamos llegado y la poderosa clase media que se había creado, era necesario un cambio del sistema político. Esto era una cosa admitida por la generalidad del pueblo. Lo cual se vio cuando dos personas, que habían sido jefes del Movimiento en los gobiernos de Franco: Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez, bajo la decisión del Rey Juan Carlos, fueron los que dieron el giro a la política en aquel momento, y para completar esto las Cortes de aquel momento se autofagocitaron para dar paso a la nueva política, que se inauguró con grandes esperanzas.

No cabe duda que a cierto sector de la sociedad tuvo que costarle asumir el cambio, pero lo aceptó a pesar de que en cuatro años se daba el paso a un triunfo del socialismo, que había estado de vacaciones durante los cuarenta años de Franco, y que tampoco ha hecho gran cosa en la siguiente época, denominada de democracia. Llegado al poder el PSOE en 1982, se procedió a destruir gran parte de la industria que había logrado elevar a España a la novena potencia económica mundial en aquella era franquista. Lo que sí consiguió el nuevo Gobierno fue que se abrieran las puertas con mayor facilidad a las relaciones internacionales, que antes se realizaban con dificultades.

Pero, con la política de desguace de empresas iniciada en economía hubo muchas dificultades, se creó un paro que en un principio se solucionó aumentando funcionarios: así se terminó el paro cargando el gasto al Estado. Y esta ha sido la política socialista, en lugar de promover la industria, ha creado funcionarios dando una parcial solución al paro, pero haciendo insoportable el gasto del Estado. Aunque hay que reconocer al primer Gobierno socialista el aceptar el pacto que se hizo para llegar a la redacción de una Constitución, que ha durado cuarenta años, en declive desde los tiempos de Zapatero y a punto de naufragio con Pedro Sánchez.

En esta época se ha acostumbrado a estudiar la historia a conveniencia de cada uno, y esto nos trae ahora una serie de problemas de interpretación, cuando las ideologías empiezan a soliviantar a los nietos de la muerte de los abuelos y bisabuelos no porque hayan recibido sus caricias, sino porque les calientan la cabeza con historias que no son reales. En una Historia General de Euskadi he encontrado que, hablando de las fuerzas del norte que llegaron a entrar en Bilbao, haciendo referencia al bombardeo de Guernica, se pone una foto de la destrucción de Oviedo. ¿Dónde está la objetividad y realidad de los hechos?

Y sobre la persecución nacional de las ideologías en las universidades en la época franquista, cualquiera que haya asistido en aquellos años a las aulas universitarias sabe que se enseñaba el comunismo, y que se usaba como texto la Historia de Tuñón de Lara. Y respecto a los institutos, en cierta ocasión pregunté a un profesor de Historia, claramente de izquierdas, qué explicaba a los alumnos, y me dijo que solo del siglo XIX para acá, es decir, los movimientos sociales. ¿Y el resto de la historia? Me contestó: no sé quién lo explica. A aquella época se acusa de persecución ideológica, pero en las universidades y en los institutos los alumnos salían imbuidos de doctrina comunista.

Después se ha hablado mucho de libertad, pero podría preguntarse: ¿para quién? Desde los primeros tiempos, los principios de la Constitución empezaron a moverse en una dirección, y a advertir cómo se limitaba la compensación de los poderes que debe regir en una democracia, y hoy hay la impresión de que desde el Ejecutivo se domina todo. No olvidamos cómo el PSOE a los tres años de llegar al poder modificó la Constitución mediante una ley orgánica, aprobada con una mayoría en el Congreso y en el Senado, con la que podía el poder ejecutivo dominar al legislativo, y como le faltaba dominar al poder judicial, mediante otra ley orgánica se modificó el sistema de elección de los jueces y magistrados, de modo que desde el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) se dominan los más altos tribunales.

Como consecuencia de estas normas, los de aquellos tiempos todavía recodamos cómo se expresó el entonces todopoderoso vicepresidente Alfonso Guerra: "Montesquieu ha muerto". Desde entonces la esencia de la democracia en España ha desaparecido, ha quedado una formalidad de democracia. Ahora bien, lo más lamentable es que los partidos de la derecha no se han atrevido en ningún momento a enmendar los desafueros que ha cometido el Partido Socialista. Al pasar el tiempo se advierte adónde nos conduce: a dudar de la democracia en que decimos vivir.

En su momento no se corrigieron estos errores por los gobiernos de la derecha, aunque hubiera algunas voces que lo señalaran, y cuando llegó al poder Zapatero, tras la mayor acción terrorista del 11-M, que nunca se ha llegado a aclarar, es cuando se advirtió adónde podía llevarnos y se propuso sembrar la semilla de la discordia entre los españoles. Se volvieron a avivar los agravios históricos del 36, despertando rencores y ajustes de cuentas en los nietos y bisnietos de la izquierda que hizo la guerra, con la oprobiosa ley de Memoria Histórica, con la que tantos odios está levantando la izquierda en cualquier rincón de España. Y si en el derecho español se ha admitido el delito de odio, ¿cómo no se ha derogado la ley que promueve tanto odio?

Para concluir vamos a hacer referencia al desafuero de Sánchez. Lo que habían respetado los gobiernos anteriores del PSOE, quiso Pedro Sánchez, como bandera de la discordia, levantar del lugar donde se le había puesto en el momento de inaugurar la democracia el cadáver de Franco. Para los españoles Franco era un personaje de la historia, y le conocían que como tal había pasado de sus recuerdos. Pero Sánchez no podía contentarse con eso, tenía que despertar los odios y agravios que habían quedado sepultados en la historia, y decidió desenterrar a Franco para traerlo de nuevo a la historia, creyendo que despertando los odios en la izquierda iban a fluirle los votos en las elecciones, ya lo tenía programado cuando dejó pasar los meses sin formar Gobierno, para dominar la situación de las votaciones con la exhumación de Franco. Pero Franco desenterrado a la fuerza y con humillación de su familia y el sentir de la mayoría de españoles es otro símbolo que ha jugado en sentido contrario, y las pretensiones de Pedro Sánchez han dado como resultado la ingobernabilidad. Ha venido a entregar el Gobierno a la izquierda más rabiosa.

Por fin después de tanto esfuerzo y compromiso Pedro Sánchez ha conseguido una victoria pírrica, con pérdida de votos y en consecuencia de escaños. Pero en lugar de actuar como Pirro, rey del Epiro, que se dijo: “Con una victoria así vuelvo solo a casa”, el presidente en funciones ha reaccionado pactando con la extrema izquierda y los separatistas, asegurando la destrucción del Estado. Se ve claro que con este pacto el Gobierno ha cogido el camino de Venezuela.

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