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Contestando a don Julio Antonio Vaquero Iglesias o sobre una visión sesgada de la "Laudato si'"

20 de Diciembre del 2019 - José Luis Lafuente Suárez (Oviedo)

Para dejar las cosas bien claras desde el inicio, he de apuntar la realidad evidente de que no represento a nadie dentro de la Iglesia católica, más que a mí mismo, pero es necesario aclarar esto porque muchas personas confunden el ser católico con el formar parte de una especie de partido político o grupo de presión, sin entender que el principio básico es el seguimiento a la persona de Jesucristo (“alter Christus, ipse Christus”); por tanto, no se debe hablar de tendencias dentro de la Iglesia, como señala el señor Vaquero Iglesias (LNE 18/12/2019), sino, en todo caso, de distintos “carismas” de los diversos grupos, movimientos, instituciones existentes (desde los franciscanos hasta el Opus Dei, pasando por los Dominicos, el Camino Catecumenal, etcétera), pero todos ellos compartiendo el principio referido, así como el amor al Papa y la comunión con él.

En la jerarquía eclesiástica, el obispo es el pastor de la comunidad que tiene encomendada en razón a un territorio, y en esa labor escribe, predica, exhorta a sus fieles, así como a las personas de buena voluntad que quieran aceptarlo. De este modo, cuando opina, también puede, ciertamente, equivocarse, pero lo que no debe hacer, en mi modesta opinión, es dejarse llevar por la opresiva pero actualmente tan en vigor corrección política y someterse al dictado de los poderes que utilizan los medios de comunicación para implantar el pensamiento único. Como no ha seguido esa vía la homilía de don Jesús, es objeto de crítica por, en este caso al que me refiero, el señor Vaquero. Realmente, en aquella refleja simplemente la diferencia entre la actitud de firmeza cristiana de Santa Eulalia, patrona de la diócesis de Oviedo, y la de la niña Greta, que, en realidad, no es sino la de una persona que está manipulada, financiada y controlada, con la aquiescencia interesada de sus padres, por los representantes del nuevo grial de la izquierda millonaria y falsa: el cambio climático. No hay que olvidar que, con independencia de que no exista consenso respecto a tal cambio y de que las “cumbres” sirven para engordar muchos intereses económicos, cambios de clima vienen existiendo desde siempre, glaciaciones incluidas, en los que el hombre poco puede hacer; otra cosa es la protección del medio ambiente, donde no solo la educación, sino el estudio y la aplicación práctica de medidas reales pueden ser importantes.

Pero Greta no encabeza nada, no lidera nada, es una simple marioneta utilizada para un fin que, más tarde o más temprano, como ha sucedido con otras personas cuya personalidad está en formación y se les impide llegar a ser adultos formados con auténticas convicciones, terminan como un muñeco desarticulado.

No existe ninguna contradicción entre las expresiones del arzobispo de Oviedo y el pensamiento expresado por el Papa Francisco acerca de la casa común (que, por cierto, es la doctrina tradicional existente en la Iglesia católica), fundamentalmente contenido en la encíclica “Laudato si’”, que, por cierto, contiene un número 120 que es obsesivamente olvidado por quienes pretenden acomodar a sus intereses las palabras del Santo Padre. Reproducimos su inicio: 120. “Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano, aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades”.

Pero aparte de la comparación realizada por don Jesús en una celebración puntual, en su calidad de arzobispo de Oviedo no tengo ninguna duda de que comparte las convicciones del Papa Francisco cuando habla de una ecología integral, que no excluya al ser humano, para lo que es indispensable incorporar el valor del trabajo desarrollado por San Juan Pablo II (“Laudato si’”, 124), pues la cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas parciales y urgentes a los problemas que van apareciendo (“Laudato si’”, 111); pero, ante todo, un retorno a la naturaleza no puede ser a costa de la libertad y la responsabilidad del ser humano (“Laudato si’”, 78), porque la manipulación de los sentimientos con objetivos a veces torticeros puede llevar a una divinización de la tierra, así como a una obsesión por negar toda preeminencia a la persona humana, de las que advierte el Santo Padre (“Laudato si’”, 90).

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