Pueblos en peligro de extinción
Hora: 5.45 de la mañana, suena el despertador. Después de una noche de viento y agua, te asomas a la ventana mientras piensas: ¿hoy me llevo hoy a trabajar el kit de leñador?, o ¿cargo la piragua y el traje de agua en el coche?, o más bien ¿voy a trabajar en quitanieves o saco la pala excavadora? Cuando digo kit de leñador, no piensen ustedes que estoy hablado de la camisa de cuadros, hablo, para que me entiendan, de la motosierra, el hachu y los guantes, para despejar las cañas y árboles caídos que tanto abundan por las carreteras, y cuando hablo de la piragua, es para vadear los regueros que bajan por las carreteras, y que últimamente llevan tanto o más agua que los propios ríos. Por otro lado, la quitanieves y la pala excavadora son muy útiles, porque como te caiga una nevada un poco curiosa, o te encuentres con un argayo, igual con suerte no sales del pueblo en dos o tres días.
A día de hoy, ese es el estado de nuestras carreteras y de nuestros pueblos. "Los pueblos y sus habitantes están en peligro de extinción", esta frase está a todas horas en boca de políticos y demás personas que pululan alrededor de la política, pero sobre todo en los periodos donde necesitan, a toda costa, tu voto. Pero no nos llevemos a engaño, pasan estos periodos tan fructíferos para ellos y entonces nos trasladan a lo que yo llamo "la cuarta dimensión", o sea, al olvido más absoluto. Y así nos volvemos a quedar, con los mismos baches y argayos, los mismos regueros anegando cunetas y caminos, la misma maleza que se junta de un año para otro comiéndole terreno a las carreteras, los mismos puntos de luz sin luz, y así una larga retahíla de demandas de lo más esenciales, y que son escuchadas de mala gana por nuestros representantes, digo de mala gana porque como tienes que repetirlas en más de una ocasión y de dos, llegas a parecer hasta pesado, demandas que en muy pocas ocasiones son solucionadas y que solamente se toman medidas cuando ocurre una desgracia. Desde un despacho es muy fácil hablar de que los pueblos se quedan sin gente. Se quedan sin gente porque a pesar de que tenemos las mismas obligaciones en lo relativo a impuestos, las condiciones de vida no son las mismas, el mantenimiento de los pueblos lo hacemos los vecinos en nuestro tiempo libre y, lo que es básico en una ciudad, por ejemplo, la cobertura de internet o de telefonía, un saneamiento o una carretera en unas condiciones mínimas, en los pueblos se convierte en un lujo en pleno siglo XXI. A últimos del mes de octubre, la cabeza de lista de Unidas Podemos al Congreso Sofía Castañón visitaba el Occidente asturiano para "acercarse a los problemas y necesidades del medio rural", y me parece muy bien, por lo menos se molestó en ir a ver qué necesitaban, creo que le trasladarían sus problemas e inquietudes, pero de ahí a que hagan algo...
Así que de momento, mientras los políticos deciden cuáles son sus prioridades y no las nuestras, ármate de paciencia, reserva unos días de tus vacaciones para dedicarlos a trabajos vecinales y, lo más importante, hazte con un kit completo, porque de lo contrario vas a faltar o llegar tarde al trabajo más de un día y de dos a lo largo del año.
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