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La "contrahuelga"

25 de Diciembre del 2019 - Alejandro González Lada (Urbiés (Mieres))

La vida no deja de sorprenderme, y cuando creo que ya lo he visto todo, la realidad se manifiesta en forma de esperpento y asalta a traición los derechos de los trabajadores. Todo ello no hace más que reafirmarme en mi teoría sobre el exterminio de la especie humana por la pérdida de la razón, y cuando digo razón me refiero a la capacidad de pensar y razonar, no a ser poseedores de la verdad única.

Soy, fui y seré incapaz de entender a una persona que atenta contra sus propios derechos, por un principio básico de empatía. Como hijo de la cuenca minera, ya en mis tiempos de estudiante compartí barricadas con mineros, porque eran mi familia, mis vecinos, mis amigos, su lucha podía acabar siendo la mía, y esa lucha (lo digo para los iluminados de la teoría de las prejubilaciones), comenzó al tiempo que la montaña asturiana vomitaba carbón, escombros y empezaba a cobrarse el rédito en forma de vidas. Cuando hablamos de prejubilados, de su calidad de vida, etcétera, la gente suele referirse a ellos como si la lucha de los mineros de principios del siglo XX no hubiera existido, como si las huelgas de principios de los noventa o las del siglo XXI hubieran sido las que propiciaron este tren de vida a los retirados de la minería, pero se olvidan de los miles y miles de mineros que pagaron con sus vidas, dentro y fuera de la mina. El fruto de más de 100 años de lucha lo recogieron las últimas generaciones, y de estas últimas, hay una parte de ellos que, pese a beneficiarse de esa lucha, de la cual reniegan hoy en día, luciendo sus Mercedes, polos Lacoste o su segunda vivienda en la costa, aún hoy sigo esperando a conocer a alguno que se presente en las oficinas de Hunosa a renunciar a su prejubilación y reclamar los años que aún debería seguir en el pozo cotizando para ganarse ese nivel de vida por el que nunca luchó. Muchos retorcerán el gesto al leer estas palabras, pero, créanme, sé bien de lo que hablo, y sin profundizar más en la materia, volveré a la superficie para hablar de la otra lucha, la de los empleados del comercio, tan justa como necesaria. Tú, trabajador, tienes todo el derecho de ir a la huelga o no, personalmente soy de los que consideran que si un compañero (palabra que llegué a comprender cuando empecé a trabajar en contratas) va a la huelga para pelear por unas mejoras que a mí me benefician, lo mínimo que puedo hacer es secundarla, pero como todos sabemos, hay gente que vive muy justa y tiene la caja de resistencia más vacía que el cerebro, pero como trabajadores que somos debemos respetarlos, como los mineros hicieron con los esquiroles; ahora, lo que no voy a respetar ni tolerar jamás en la vida es la gentuza que convive con trabajadores y se manifiesta en contra de sus compañeros acudiendo a la llamada de la patronal. Vuestro cerebro no está bien, corrompido a buen seguro, pero no insultéis, no digáis que os manifestáis por los ciudadanos, por favor... La estupidez de semejantes declaraciones deja mal parada hasta a la misma FADE. ¡Señores, que no hay cartillas de racionamiento! ¡Que las grandes superficies abren entre 10 y 12 horas diarias, de lunes a sábado y en estas fechas hasta festivos! ¡Que se olvidan ustedes de que esos empleados que están en huelga son hijos, madres y padres de los clientes!... No puedo evitarlo, me enerva, me saca de quicio. ¿Cómo os atrevéis a manifestaros contra vuestros compañeros? ¿Qué respeto, decencia, empatía, solidaridad mostráis a una sociedad que en su inmensa mayoría apoyaba la convocatoria? ¿Tendríais los cojones (perdón por la expresión si a alguno ofende, pero es indispensable) suficientes de renunciar a los posibles beneficios de esta lucha?... Voy a tirar de puntos suspensivos para evitar pronunciarme de forma más rotunda, pero en mi mundo, el perro que muerde a quien pide pan, azuzado por el dueño que vive de la usura, no es mejor que él.

Ya lo sé, este mundo está patas arriba, y mientras hay mujeres que se oponen a la ley de violencia de género, o ciudadanos que no creen en el cambio climático y piden más contaminación, entre un sinfín de despropósitos, algunos seguiremos esperando que vuestras cagadas no nos lleven al fin de la humanidad, y cuando digo humanidad lo digo en el más amplio sentido de la palabra y con todo lo que ello significa.

Mi más sincero apoyo a los trabajadores del comercio, a los compañeros, no a los/las innombrables, a quienes la definición de "esquirol" les queda demasiado grande.

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