Canteli no tiene amigos gays
La polémica generada por el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, a propósito de los bancos de la plaza de la Escandalera está sacando a la luz algunos aspectos ideológicos que se pensaba que correspondían con opciones políticas de carácter integrista y de extrema derecha.
La idea de pintar los bancos con los colores de la bandera del arco iris que identifica a la comunidad LGTB correspondió al anterior equipo de gobierno, el tripartito de izquierdas, que pretendía de este modo acabar con la invisibilidad y desprecio acumulado durante años por el anterior alcalde, Gabino de Lorenzo.
Que hubiera que esperar al año 2016 para que en nuestra ciudad hubiera un símbolo de mínimo reconocimiento a la diversidad que significa la comunidad LGTB es un indicio de la ranciedad ideológica de la élite local del Oviedín del alma que tanto cacarean.
Ya se sabe que la derecha normalmente descalifica y desprecia logros y derechos obtenidos tras una ardua lucha que, normalmente, cuenta con el apoyo de la izquierda política. Sin embargo, es bien sabido, también, que esa misma gente no tiene ningún problema en disfrutar de esos derechos antes despreciados. Así, podríamos hablar del flamante ministro asturiano contrario al divorcio pero que luego se casó y divorció hasta tres veces, o el caso de quienes, condenando el aborto, utilizan de forma hipócrita ese derecho. Más fuerte aún es el caso de aquella diputada popular, Miriam Blasco, que, junto con varias decenas de diputados, presentó un recurso en el Tribunal Constitucional para que se anulara la reforma que permitía el matrimonio igualitario para lesbianas y gays. Lo llamativo es que en cuanto se aprobó, decidió casarse al alto la lleva con su compañera. Algo similar a la boda de Javier Maroto, portavoz del PP, quien celebró su matrimonio gay con un fiestón al que acudió toda la dirigencia popular que antes había condenado el matrimonio igualitario.
En todos estos casos, los políticos populares se justifican diciendo aquella manida frase de “yo tengo muchos amigos gays”. A la luz de todo lo anterior, debemos concluir que el Sr. Canteli no tiene amistades gays, ni lesbianas o bisexuales, ni mucho menos transexuales. Aun así, hay quienes dicen que sí; que el Alcalde tiene amigos gays, aunque nos cueste creerlo. De ser verdad, el señor Canteli no parece que les tenga demasiado aprecio, porque a un amigo de verdad no se le hacen estas cosas que solo sirven para humillar su identidad gay.
Una lástima, porque esto explica su arremetida contra los orgullosos bancos de colores. Se podría decir que la cromofobia del Alcalde, su odio a los colores, es la capa superficial de una homofobia de otro tiempo que nos lleva a la época de la caspa. Desgraciadamente, la comunidad LGTB ovieína y asturiana podemos decir aquello de Vox para qué, si tenemos al PP.
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