Conflicto laboral
Estos días vive entre nosotros un conflicto laboral que va más allá de la propia negociación de un convenio; es la huelga de las trabajadoras/es de los súper de alimentación, fundamentalmente Alimerka, Más y Más y otros. Para llegar a esta tesitura en fechas tan señaladas es debido a que el ninguneo de los empresarios a sus reivindicaciones ha tocado techo.
Estamos hablando de alcanzar unos salarios al menos de “mileuristas”, con otras mejoras sociales que generen expectativas para una carrera laboral, algo fundamental en empleos de largo recorrido para ir motivado a trabajar todos los días. No ocurre en ningún país capitalista con sentido social que no se le reconozca al asalariado un plus en su tarea para promocionar dentro de la empresa.
Pero decía que este conflicto no es un hecho aislado, pues se suma a las declaraciones del presidente de la CEOE clamando contra la posible subida del salario mínimo a mil euros el año próximo (firmado por ellos), como si estuvieran atacando con misiles la sede de la patronal. No podemos olvidar tampoco que está sin firmar el convenio de la hostelería, un sector precarizado con mucha mano de obra migrante, donde las jornadas no se miden por horas, sino por la presencia permanente del personal mañana y tarde.
La prueba de los abusos en la contratación está en la reacción que ha provocado la implantación del registro horario, con todas las pegas del mundo para su aplicación, cuando es algo totalmente normal en la industria desde hace años. Sin embargo, a pesar de la falta de controles por no existir inspectores, algún efecto positivo ha provocado.
Pero es que cuando las estadísticas dicen claramente que los jóvenes han sido la población asalariada que más ha perdido económicamente con la crisis, añadido a la falta de estabilidad en el empleo, ¿qué tipo de sociedad estamos creando sin derechos actuales ni pensiones futuras? ¿No se dan cuenta estos empresarios de pingües beneficios de que, si no se genera empleo de calidad con remuneraciones justas, no hay consumidores capaces? Cuando desaparezcan las generaciones de pensionistas actuales fruto del boom industrial, ¿quiénes van a comprar, comer, beber... los robots?
Un poco de sensatez y responsabilidad, que luego se nos llena la boca de palabras sobre la Constitución.
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