Cataluña plural
Cataluña se yergue como la cuestión más espinosa de España. Con una batalla de imagen que no se ha ganado en los foros internacionales. Cataluña, la de la muy romana provincia Tarraconensis, la de la Marca Hispánica, la de los “Usatges” y el Imperio Mediterráneo, la de la peste mortífera y las guerras de los menestrales, la de la revuelta de 1640, los Decretos Borbónicos de Nueva Planta, Amat y Gaspar de Portalá, los ingenios azucareros y el Ron Bacardi. La de la expansión algodonera, textil y la creación del mercado español proteccionista. La Cataluña de Cambó, Josep Pla, Miró, Dalí, Serrat, Vázquez Montalbán, el premio “Planeta”, Pujol y Puigdemont. Una región europea, parte constitutiva y societaria de España, aunque siempre haya sido “la otra España”. La Cataluña ancestral y de barretina payesa, butifarra y tradicionalista Montserrat. La Barcelona del “Boom literario hispanoamericano” y la fantástica “Gauche Divine”. Seix Barral y Terenci Moix. Entre 1950 y 1975 la próspera Cataluña acogió a más de millón y medio de inmigrantes de otras partes de España, los conocidos despectivamente como “xarnegos”. Hubo marginación y quinquis, anomia, pero también unas oportunidades únicas bien aprovechadas e integración sin parangón, con un gran asociacionismo en pueblos y ciudades de aluvión. Jordi Solé Tura y Roca Junyent son padres de la Constitución española del 78. Garrigues Walker, prototipo del liberal avanzado español. Tarradellas fue “seny” y talante sensato. Después vino el pujolismo de botiguers y banqueros, posibilista nacionalismo moderado, al principio, que empezó arriconando el idioma español en la enseñanza y la rotulación. Se cometieron desfalcos y actos de corrupción organizada, cobro ilegal comisionistas del 3 por ciento. Decepción total. Artur Mas, con su aire de ejecutivo, supuso la transición entre el ambiguo pujolismo, que ya había abierto embajadas de la Generalitat por todo el mundo, y el secesionismo radicalizado de “esteladas” invadiendo las calles, algaradas incendiarias y barricadas. Puigdemont viene a ser el “Julian Assange” catalán para algún medio internacional y Torra, una especie de falso victimista, denigrador de los españoles. Mientras tanto, el PSOE busca un pacto de investidura con una formación como Esquerra, cuya meta es destruir la España del 78, aún cuando seamos ya un Estado compuesto, materialmente federal, pluralista y de democracia plena.
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