Al fin Bach en Navidad, "¡Aleluya!"
El día 21 de diciembre, largamente esperado, se interpretó en Oviedo el “Oratorio de Navidad” de Bach, obra más sencilla que sus "Pasiones", pero de similar valía musical. Lo diferencial de esta composición es que su ámbito es solo la Navidad, a diferencia del pomposo "El Mesías” de Haendel, que mejor cuadrara en la Pasión de Semana Santa, en la Ascensión o en un glorioso Juicio Final, que también forma parte de la obra, pero que viene representándose desde hace tiempo por Navidad.
El "Oratorio" estuvo a cargo del Collegium Vocale de Gante, con perfección, simplicidad y elegancia, empezando por su director, Prégardier, ejemplo de eficacia, sencillez y parquedad. Se interpretaron cuatro de sus seis Cantatas (I, II, III y IV), y 35 de sus 64 números. La I fue estrenada el 25 de diciembre de 1734, mañana y tarde, en las iglesias de San Nicolás y de Santo Tomás de Leipzig. En la interpretación de Oviedo el coro no excedía de las 16 voces, y los instrumentos, que incluían un contrabajo, de 20. Llamó la atención que, de las tres sopranos del coro, solo la atractiva checa Hana actuara como solista en dos arias y en un recitativo. La sinfonía o los corales que inician las Cantatas, y que cierran la III, se acompañan de sones muy vibrantes y alegres de la trompetería, como es propio de la Natividad. Especialmente hermoso es el aria de contralto n.º 31 (esta vez contralto varón), presidida, más que acompañada, por el violín primero de Christine Busch, con sus sublimes y emocionantes motivos.
Por su parte, “El Mesías” se interpretó en Oviedo un día antes pero, según se lee, muy recortado, sin voces solistas y con complementos como “Música acuática”. ¿Por qué todo esto? ¿Saciedad? ¿Falta de solistas o de efectivo para pagarles? La repetición del "Aleluya", se entiende, fue para alegrar una composición pesarosa. “El Mesías” se estrenó en Dublín, en 1741, 17 y 14 años después que las "Pasiones", según San Juan y San Mateo, y 7 después del "Oratorio de Navidad" de Bach; y que sus mejores sonidos recuerdan a estas obras.
Las diferencias entre Haendel (el mercader) y Bach (el arroyo) son notables; este fue la cúspide de la música barroca, sin posible competencia, tuvo dos esposas y 20 hijos; su vida fue azarosa, pues ya se sabe de las envidias a que se ven sometidos los genios, su limitación de recursos, y sobre todo su capacidad creativa que fue muy superior a la de su coetáneo y compatriota de Halle.
Haendel vivió en Londres desde los 29 años, se convirtió en el compositor oficial y pensionado de la corte de la reina Ana y, tras su “Música acuática”, se centró en rentables oratorios y óperas, entre ellas las de temas hebreos ("Zadock", "Saúl", "Israel en Egipto", "Sansón", "Judas Macabeo", "Salomón", "Jefté"...). Tuvo mucha relación con la realeza, la aristocracia y la nobleza inglesa; no tuvo mujer ni hijos, y se hizo muy rico, por sus ingresos y por sus negocios, poseyendo dos pinturas nada menos que de Rembrandt, considerado como el segundo mejor pintor clásico después de Velázquez. Tuvo una cosa en común con Bach, su ceguera final, pues ambos escribían sus partituras a la luz de las velas.
Se comprende que el Coro de la Fundación Princesa requiera conjuntos vocales más numerosos que el que ofrece el "Oratorio de Navidad”, y también una financiación suficiente para seguir en activo y cubrir gastos. ¿Cabrá una tercera vía para que en Navidad Oviedo tenga una alegre y apacible música de Navidad?
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