¿Por qué estamos donde estamos?
Leo aquí mismo, con cierta agradable sintonía, las cartas que buscan un futuro entre la maraña de este presente por donde ya no pasa la luz, con estas conclusiones: separatismo, ralentización de la economía, paro, inmigración ilegal, ausencia de verdadera gestión política en educación y familia, despoblación, etcétera. Leo el periódico y siguen los crímenes de este o del otro género, la delincuencia común, pero más común cada día, la contaminación, la deforestación...
Hace ya unos años que me pregunto no lo que pasa en España o en el mundo, sino por qué pasa. La prensa y la televisión ya nos informan de lo que pasa de forma constante y reiterante; es como una canción-retrato que no deja lugar para otra música ni para otra foto... y esa verdad, sí, es demoledora, deja sin ánimo al personal normal, que no sabe si cambiarán las cosas algún día y si el cambio será a peor, pero... ¿por qué? Por qué, cuando contamos con tanto avance científico y tecnológico, cuando hay un mayor número de personas con capacidad para llevar grandes proyectos adelante, cuando los países desarrollados se extienden ya tanto en Occidente como en Oriente, cuando hay un mayor número de democracias que cuentan con leyes más o menos bien elaboradas y estructuradas... ¿Por qué están resurgiendo el temor, la desconfianza y, lo que es peor, la desesperanza? Y no quiero hablar de estrés, depresión, ni suicidios. ¿Se ve el ciudadano incapaz de cambiar la situación?
Los turcos no solo estuvieron, están a las puertas de Constantinopla, es más, están ya dentro de la ciudad, están en cada barrio, en cada casa, en cada vida. Mientras hemos estado tan preocupados por la salud económica, por el devenir del día a día, el verdadero enemigo ha entrado en las entrañas de toda sociedad: "El yo, el nosotros y nada más". La sociedad ha perdido su horizonte, el resultado es falta de amor por temor, el sentimiento más generalizado en el mundo. La Biblia lo profetizó así hace dos mil años: "Por el aumento del desafuero se enfriará el amor de la mayor parte. Pero el que haya aguantado hasta el fin es el que será salvo" (Mateo 24:12,13) ¿Aguantar en qué?, en la integridad de tus valores, de tu amor, si aún no lo has perdido.
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