España malquerida y malvendida
Se avecinan tiempos en los que la influencia de los Marx, tanto sobre nuestra sufrida Historia como sobre nuestra reescribible memoria histórica, va a recibir un empellón de esos que hacen época, de esos que fuerzan a recurrir, más temprano que tarde, a terapias de amnesia inducida que previenen o, simplemente, retrasan la crónica de un suicidio anunciado. Mientras que las citas del primero de los Marx -el gorrón rijoso y bebedor- suelen ser un peñazo trasnochado, dogmático, alienante, dictatorial y reiterativo, la mayor parte de las ocurrencias del segundo -el alocado gruñón del puro- son estimulantes por su cínico e histriónico frescor. Frente a los embustes del sumo sacerdote, las verdades del bufón.
En estos críticos momentos, nuestros gobernantes, batiendo a marchas forzadas récords en sectarismo, falsedad, oscurantismo, ambición y carencia de escrúpulos, están logrando derruir lo poco que iba quedando en pie de una democracia injustamente condenada por sus gestores a lo que parece eterna inmadurez de nuestras inexpertas, colonizadas y degradadas instituciones, de una alambicada legislación sembrada de imprevisiones, trampantojos y minas de espoleta retardada. Con un barón de Montesquieu herido de muerte al modo y manera del césar Julio y con el pueblo sedicente soberano en grave riesgo de estabulación por adocenamiento doloso, en estos tiempos desazonadores y desalentadores nos vienen muy a la medida otras palabras del provocador Marx (además de las referentes a los principios, también de plena actualidad): "No quiero pertenecer a un club que tenga como miembros a tipos como yo".
Visca Catalunya llure, gora Euzkadi Askatuta, Jugoslavija i Spanija da jebu.
Desde el bochorno de ser un españolito ninguneado y vejado en el emblemático 2020 de toda progresía de carné, entiendo que los secesionistas catalanes, vascos y -ya puestos- los pirantes galegos, andaluces, llioneses y asturianus (entre otros piraos que engrosan la cola), estén de más en este club en inacabable y hastiante crisis existencial, en una España que parece avergonzarse de serlo, que no se reconoce ni se autoestima, en una colapsada nacioncilla de naciones, discutida y discutible, que se siente (que la hacen sentir) incómoda y acomplejada, que coquetea con modelos marxistas trasnochados, que cede a las constantes ensoñaciones pseudohistóricas, desaires, amenazas, chantajes, extorsiones, rebeliones, sediciones y agresiones (terrorismo incluido) de los extremistas independentistas que le han tomado muy bien las medidas y los puntos débiles. Todo ello, tolerado, cuando no justificado, por la simple razón de que la izquierda cerril ha ido infiltrándose, mediatizando y capitalizando (y legitimando según sus bulas y sus códigos sectarios invasivos) las malas artes de otros cerrilismos, incluidos los burgueses más corruptos. Y todo ello, todas estas cesiones, estos conchabeos, estas vergüenzas de hogar mal avenido, ante la mirada crítica y poco complaciente de un vecindario engreído -la vieja, envejecida y contaminada Europa- con el que hemos descuidado las relaciones o hemos mantenido relaciones insuficientes o torpes o equívocas o equivocadas. O de todo un poco. Con una asimétrica comunidad de vecinos cuyas reglas desconocemos u olvidamos, y que parece mirarnos con una irritante mezcla de petulancia, antipatía, conmiseración y mala baba. Con unos vecinos con los que -contra lo ensoñado por ilusos europeístas como el que esto escribe- a lo peor no podemos contar cuando se nos incendie la cocina.
Como solemos decir los ingenuos, ojalá nos equivoquemos. Entre tanto... feliz año nuevo y otra de cachopo (con setas venenosas).
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