Tolerancia
Frecuentemente, al igual que en la primavera aparecen margaritas en los jardines, coincidiendo con la jubilación o cese de su vida laboral, florecen y se prodigan en la prensa los escritores amateurs en cartas o artículos varios, y animados por la facilidad para expresarse y comunicar exponen contenidos que, por su interés o amenidad, reciben con justicia la felicitación de los lectores amigos, conocidos o sencillamente de otra gente anónima.
A partir de ese momento, cabe la aparición de un acicate para seguir escribiendo, buscando temas de interés (aunque a veces no interesen al autor), con tal de ver publicado su trabajo. Es entonces cuando lamentablemente puede hacer acto de presencia la vanidad (vanitas vanitatis, ¿recuerdan?). Ya no habrá descanso, no quedará más remedio que sufrir la prodigalidad del escribidor, a menudo soportando vacuidad de esencia o rollos macabeos, en su empeño por verse publicado para satisfacer su narcisismo. Cabe también que nos obsequie con excelentes trabajos amenos y plausibles que satisfagan a todos. Sí, también cabe.
En artículo de colaborador del diario (así se ha dado en llamarles), por cierto, colaborador de mucho predicamento, amistades y altas consideraciones, a tenor de la fotografía de casi media página con la que se le obsequia, reforzando sus asertos, se esfuerza el autor en hacernos creer que su artículo es en verdad un “elogio de la tolerancia”. Nos relata que “se quedó de piedra”, merodeando y deambulando con el mando por todas las cadenas, y sigue con historietas y perogrulladas varias.
A poco que se preste atención, a nadie se le escapa que lo que pretende elogiar es “su tolerancia”, la que a él interesa, no la tolerancia en toda su extensión. Trata desde el principio de arrimar el ascua a su sardina. Así, como quien no quiere la cosa, suelta perlas como “violencia machista” sin que vengan a cuento (le traiciona el subconsciente). Busca denodadamente llegar a su meta, dejar en entredicho o en mal lugar al actual Consistorio de Oviedo, intentando presentar como cierto un enfrentamiento del mismo con la ciudadanía (¿?), y ello en relación con la mentecatez tan manida de los puñeteros bancos arcoíris. Tolerancia, dice: Dice que le molesta en el mismo lugar la presencia de la bandera de España. Y se permite hablar de tolerancia. Utiliza además la primera persona del plural al decir “no estamos de acuerdo” o “somos partidarios de mantenerlos”, es decir, se incluye usted; y, quienes son los otros?, no se moleste, está claro.
Alude inequívocamente a un determinado partido político que no es el suyo, y cuya existencia le molesta, al referirse a él diciendo que “se rige por el número de votos y el ordeno y mando”, opinión subjetiva suya.
Va usted de tolerante, con la cantidad de cosas que no tolera. Bien, es usted muy dueño, pero sepa que a los ovetenses no se les engaña con historias ñoñas, ni títulos impropios como el suyo de “Elogio de la tolerancia”, más bien se dirige a la tolerancia que a ustedes les interesa, ahora empleo yo el plural, porque han quedado retratados. Haga como yo y disfrute de la jubilación.
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