La trampa del diálogo
Según una reciente encuesta elaborada en toda España, el 68% de los españoles apuesta por el diálogo para resolver la crisis catalana; de los cuales el 46,8%, prefiere una política de diálogo y negociación dentro de la Constitución, mientras que el restante 21,2% opta por un diálogo más allá, "sin límites".
¿Existe el diálogo sin límites? ¿No se llama a eso imposición?
Mientras los de izquierdas pregonan que el conflicto es por falta de diálogo, y que ellos lo van a solucionar con diálogo; los de derechas optan por que los jueces apliquen la ley, ante la imposibilidad de diálogo.
Mientras los independentistas piden diálogo impositivo, infringiendo una ley tras otra, los constitucionalistas reciben el regalo de setas alucinógenas-secesionistas, envuelto en papel serigrafiado con la palabra diálogo.
El conflicto, mientras tanto, sigue vivo, ganando cada vez en virulencia.
En el origen, Zapatero, cuando sin ningún tipo de diálogo, dijo aquello de "aprobaré todo lo que se apruebe en el Parlament de Catalunya"; que los independentistas han convertido en "Prensa española, manipuladora" o "Spain, sit and talk", que recuerda al histórico "¡Se sienten, coño!" de Tejero en el asalto al Congreso. ¿Es diálogo?
Últimamente, mucha gente por aquí habla de diálogo, pero yo creo que el diálogo como tal está sobrevalorado; la mentira es mucho más eficaz (que se lo digan al "presi").
Los independentistas catalanes, esa especie de tamagotchis que comen, beben, hacen caca y escupen a la bandera de España, tienen en la boca permanentemente la palabra diálogo, pero "sin límites", claro. Tergiversan, falsean, se saltan la ley, montan barricadas, agreden a los policías, declaran la independencia, exigen liberar políticos presos... diálogo, diálogo, diálogo.
Para "desfacer" el entuerto, ayer el Partido Socialista y ERC han llegado por fin a un dudoso acuerdo mediante el cual, a través, cómo no, del diálogo unos consiguen el ansiado premio del Gobierno del Estado, mientras otros -con chapela o barretina; nada de gorritas de Marlboro-, consiguen sus objetivos largamente perseguidos.
En el horizonte, una barrera infranqueable que se llama Constitución.
Alguien miente o mienten todos, aunque en estos menesteres veo más ducho a Sánchez, que ha hecho de la mentira un fructífero estilo de vida; hasta el punto que veo factible que haciendo honor a esa merecida fama de mentiroso compulsivo, lo vuelva a hacer, y tanto Podemos como ERC constaten, más pronto que tarde, que ellos también han sido engañados.
Hay mucha gente asustada ante lo que se barrunta o especula, pero pienso que no deberíamos preocuparnos; ellos, políticos ladilla, los que gobiernan, son los que tendrán que presentar cuentas, y los ciudadanos, si procede, aplicar la "guillotina" correspondiente.
En todo caso (en algún momento, alguien tendría que gobernar), no deja de ser una anécdota, una lucha de poder, donde otros "poderes" son quienes tendrán que evitar que España, una nación, se convierta en las nueve naciones distintas que según Iceta -las ha contado él-, conforman la piel de toro (y eso sin incluir a Asturias, León y Castilla).
Todo son cuentos: Iceta cuenta naciones, Zapatero cuenta nubes y Sánchez cuenta mentiras. Mientras tanto, el ciudadano medio, pobre en excedencia, como un pim pam pum, deseoso de que las medidas de progreso de Pedro y Pablo reactiven la economía, preocupado por la falta de trabajo, los impuestos, la dependencia, el trabajo precario, las pensiones tercermundistas, la sanidad cada vez más deficiente, los delitos contra las personas, etcétera, y rezando para que los poderes del ubicuo y todopoderoso Maligno no se ceben con nosotros, pobres mortales ordinarios.
¿Acabaremos echando de menos a un bolso, reposando sobre un escaño del Congreso?
Saludos cordiales
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