¿Tamayazo 2?
Si hay algo que define a la derecha española es su incapacidad de asumir la pérdida de poder. No soportan estar en la oposición, entre otras cosas, porque tienen una concepción de la política de carácter patrimonialista. El poder les pertenece por derecho natural y cuando la izquierda gana legítimamente (porque así lo deciden los ciudadanos) se irritan y buscan la manera de impedir que la izquierda pueda formar gobierno.
Pero esto no es nuevo. Es una constante. En otros tiempos acudían al golpe de Estado, provocando una guerra civil (1936), y en democracia a la vil y rastrera compra de votos, como lo fue el "tamayazo" en la Comunidad Autónoma de Madrid en 2003, cuando se había llegado a un acuerdo de gobierno entre el PSOE e IU. Fue un golpe duro para la izquierda madrileña y el inicio de los años de gobiernos antisociales y de corrupción para la Comunidad de Madrid.
Estos días, cuando por fin se ha podido llegar a un acuerdo de gobernabilidad entre PSOE y UP, con el apoyo de otras fuerzas parlamentarias menores y la abstención de ERC, las trompetas del apocalipsis de la derecha han vuelto a sonar. El discurso de Pablo Casado (PP) durante el primer día de la sesión de investidura del candidato socialista ha sido tan apocalíptico que ha dejado sin espacio ni margen al discurso de la extrema derecha de Vox.
Pero no nos equivoquemos. El problema no es que el PSOE haya negociado con los independentistas catalanes su abstención (no su apoyo) para desbloquear el inicio de la XIV Legislatura desde la recuperación de la democracia. Ellos saben que no es posible un referéndum de autodeterminación en Cataluña y ERC ha renunciado a la unilateralidad. Solo cabe la política. Insisto, ellos lo saben.
Entonces, ¿cuál es el problema? El problema es que, por primera vez desde la II República se va a formar un gobierno de coalición de izquierdas. El problema es el programa de gobierno de izquierdas que PSOE/UP han presentado a la sociedad española y que el candidato de la coalición ha presentado en la sede de la voluntad popular, en el Congreso de los Diputados, para su debate. Ese el verdadero problema, no el que España se rompa. Todas las alarmas han saltado en la derecha política, financiera y mediática. Se han puesto en pie de guerra y las maniobras para conseguir (a saber, a cambio de qué) que diputados/as de formaciones pequeñas cambien el voto. De momento lo han conseguido con el diputado de Cantabria, que había prometido su apoyo a Pedro Sánchez, y con la diputada canaria, a pesar de que su partido la ha amenazado con echarla del mismo si finalmente cambia el voto acordado por todos sus militantes.
Inés Arrimadas ni siquiera se esconde, abiertamente pide (exige) que algún socialista valiente vote en contra de su jefe de filas. No, no se esconden, como lo hicieron en 2003 con el "tamayazo". No se esconden estos días en los debates de investidura, y tampoco lo hacen la prensa afín y los poderes fácticos, que continúan con el mantra, con el "coco", de "gobierno de extrema izquierda, de comunistas, separatistas y terroristas, que nos llevaran a las cartillas de racionamiento". No sé si finalmente conseguirán el "tamayazo 2", pero lo que sí sé es que lo están intentando por tierra, mar y aire.
Si uno observa la propuesta de programa de gobierno, no hay ni una sola palabra, ni una coma, que nos recuerde a las tradicionales propuestas comunistas. El programa rebosa, por todos sus poros, las ya tradicionales recetas de la socialdemocracia europea, con especial incidencia en la recuperación del lánguido Estado de bienestar, vapuleado por siete años de gobierno conservador. Eso es todo, pero se ve que los tiempos cambian tanto que prometer acabar con el abuso de los alquileres, con los desahucios, con la precariedad laboral, defender la sanidad y la educación públicas es de extrema izquierda... de comunistas. No, es de extrema necesidad si queremos vivir en una sociedad decente.
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