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Adónde vas, España

7 de Enero del 2020 - Antonio Parra Galindo (Cudillero)

Quo vadis, Cataluña? El alzamiento separatista, la marranería y otras historias

Dedicado a todos los periodistas perseguidos o asesinados por contar la verdad a los españoles que viven con angustia el desarrollo de otro desastre como el de 1898

PRÓLOGO

Castropol es una villa marinera del sector occidental de la marina asturiana, casitas blancas sobre los recuestos, muchas de ellas cerradas, algunos palacetes, y en lo alto, al lado del casino, a través de una carretera bordeada de tamarindos y arces, se llega a una plazoleta. Allí se eleva el único monumento a los héroes de la batalla naval que tuvo lugar aguas adentro de la bahía de Santiago el 3 de julio de 1898, cuando la flota española fue cañoneada y destruida por la poderosa escuadra yanqui. La nave “Victoria”, capitana echada a pique; pudo, sin embargo, salvarse su capitán, el almirante Cervera, a bordo de un esquife. Los jóvenes nunca oyeron hablar de la gesta del puñado de españoles que tuvo el arrojo de enfrentarse a la escuadra de los Estados Unidos. Se borró la memoria. Nuestros chicos en las universidades de nueva planta solo leen libros en inglés. Nuestra gloriosa historia fue puesta en manos anglosajonas. Hay un enemigo interior y otro exterior, caballos de Troya que anuncian el “finis Hispaniae”. This is the end. Yo escribo desde la perplejidad, el duelo, la consternación y la sátira. ¿Cómo hemos podido llegar a este estado de cosas? A la fuerza estábamos abocados a este segundo 98 como conclusión de una política autodestructiva que ha desterrado de nuestras aulas el estudio del castellano y de las lenguas románicas, que ha sido reemplazado por jergas y dialectos variopintos de lenguas vernáculas desaparecidas o en extinción que los enemigos de la patria han tratado por todos los medios desde la Constitución del 78 de resucitar. Ha sido un programa de aniquilación sistemática de una cultura y de los valores de un país, y en este deletéreo juego la masonería, los judíos y la marranería conversa, tan obstinada e inflexible, ha tenido mucho que decir. Ha sido por interpuesto a través de oenegés, campañas de grandes consignas y un control sin precedente de los medios de comunicación que se ha llevado a cabo la desespañolización y el aniquilamiento de una vieja cultura. La bestia, sin embargo, nunca da presencia, ni enseña sus cartas. Y si echas en cara a un miembro de la logia tales gatuperios, seguro que se rasgará las vestiduras, te llamará nazi y conspiranoico. Al igual que en el Evangelio a los que defienden la verdad española les ponen la túnica de locos como hizo Herodes cuando le fue enviado Jesús por Pilatos para que lo juzgara. Son muchos los partidarios del bando de Nicodemus, el cual solo seguía los pasos de noche propter metum judeorum (por miedo a los judíos). En los años setenta al final se hablaba de una "democracia de papel", en 2018 había que hablar de una democracia de las ondas hertzianas. Son los tertulieros bien pagados a precio de oro y los que aparecen en todos los medios de la radiodifusión los que marcan pauta, dan doctrina, sientan cátedra y los que parten el bacalao comentando lo que hacen y dicen los políticos hasta la saciedad. Es una serpiente de verano que se repite más que el ajo las mismas situaciones idénticos compromisos. Una saga de tautologías a gran escala. No obstante, los tertulianos del comité todas las horas andan buscándole los pies al gato. En esta entrega van artículos subidos a la Red o publicados en algún periódico de provincias a lo largo de varios lustros. Los he reunido en antología. He querido verlos en papel. Muy eclécticos en sus temas, pero unidos por una idea que fluye como eje de marcha a lo largo de estas páginas: la defensa de nuestra cultura. Una entrevista que tuve en Londres con Alcázar de Velasco cuando me dijo: “Oye, chico, el futuro de España es la marranería”, me brindó título para este texto. Me he mirado en el espejo de los clásicos. ¿Es esto un pecado? De esta forma quiero rendir loores a mis héroes.

A Fernando Villaamil, que comandaba la fragata “El Furor”, no le cupo la misma suerte, pereció en el ataque con toda su tripulación. A Cervera los americanos le rindieron tributo de héroe y fue repatriado a España. El capitán Villaamil era asturiano de Serantes, otro enclave marinero a escasos kilómetros de Castropol. Sabía de antemano dada la superioridad del enemigo que zarpaba hacia la muerte. Escribió antes de morir a la Reina María Cristina en el cual le declaraba su amor, su fe en la patria y el alto concepto que tenía de su misión. Para él la muerte era un acto de servicio. Decía: “Majestad, despliego el pabellón de combate de ‘El Furor’, pero mi fragata no se rinde”. Toda una vida en la mar. Estaba familiarizado con esa muerte que acecha al marino, esa soledad, ese espíritu de sacrificio, y muchas veces había escuchado ese ruido sordo de la serviola que trepa por la escala hasta la cofa y un golpe de viento lo hace caer inerte sobre cubierta. El capitán Villaamil no era muy alto de estatura, de tez trigueña, ojos azules y un espíritu del humor remarcado que le hizo ser muy querido por la tropa de los buques en los que sirvió. Todo un contraste con el gaditano Cervera, más andaluz, más serio y distante. Los dos, aun perdiendo aquella guerra que estuvo jalonada por la explosión del “Maine” (el primer autogolpe atentado terrorista, pretexto para declarar la guerra a España, a la que acusaban de la trama) y las infamias y mentiras organizadas por los periódicos de Randolph Hearst), salvaron el honor de la patria quedando limpio e impoluto el pabellón de su honor. En Cuba y en Venezuela, dos países en los cuales se sigue queriendo y admirando a España, se los venera como héroes. Subo y bajo por las estrechas rúas de Castropol, que me recuerdan algo a Cartagena y tienen algo de la melancolía habanera entre brisas y sonrisas cántabras. Pregunto a la funcionaria de Correos si sabe dónde queda el monolito a los héroes del 98 y no me sabe dar respuesta puesto que no es de aquí. A lo largo de los últimos cuarenta años se ha borrado la memoria, a nuestros héroes y nuestros hechos históricos se les ha dado de baja. Me estremezco al recordar las declaraciones de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que tampoco sabía quién era Cervera. Mandó quitarle la calle que llevaba su nombre en Barcelona, cuyo puerto fue la base de operaciones de la larga guerra de Cuba. Muchos de los marinos y de la tropa que iba a pelear a la manigua llevaban en vez de gorra una barretina catalana. Los mambises pagados por los Estados Unidos lucían por bandera una “señera” franjas amarillas sobre franja azul y una estrella que es hoy también la bandera de Cuba. Por eso la ignorancia de la alcaldesa, que tacha al gran marino español de “fascista”, cuando aún ni Hitler ni Mussolini habían asomado la oreja, me entristece y me repugna. Pero es algo muy de hoy. Hubo una cesura, se completó la interrupción más dolorosa de nuestros anales. La historia de España se ha interrumpido. Y yo acuso a las logias en este libro “Cataluña, los judíos, la marranería y otras historias” de haber orquestado una campaña siniestra, muy hábil por lo engañosa, fatídica y prolongada en el tiempo para dar al traste con la nación más antigua del continente europeo. Fuimos paladines de la cristiandad y por lo visto eso no se nos perdona.

Estos textos evidencian mi preocupación por el alzamiento de Cataluña, rebelión en la Granja, parodiando a Orwell, que va a suponer un nuevo 98 y la destrucción de España a través de lo que llaman las Fuerzas Oscuras que no creen en la historia por serles adversa y adoptan los postulados de la misma que les conviene, “shafirot” esto es memoria o, si se quiere memoria antihistórica y contra la historia. Se trata de una larga serie de artículos escritos durante las últimas dos décadas de un periodista perseguido a causa de sus ideas por la Nueva Inquisición. Cajón de sastre “et de omni re scibili”. Esto es: tratan de todo, máxime, al albur del impase se la crisis catalana que, al suponer la fractura y liquidación de estos reinos, abocaría al colapso de esta vieja nación. España atraviesa por la más grave crisis de su existencia como nación. De ahí el título de “Quo vadis, Spain?”. George Orwell ya profetizó este impase en sus novelas “1984” y “La granja de los cerdos”. Los textos son recopilaciones de artículos firmados por mí en la Red durante casi tres décadas. Gracias a Google y a Facebook, puedo dar a la estampa estos textos, pero no me fío demasiado. Las redes, más que información, son un instrumento de control. Huélgome de decir que internet me ha hecho de mí un escritor vigilado por el Gran Hermano, que trabaja gratis et amore por la causa de la verdad en el marco de un sistema totalitario con visos de demócrata. En medio de esta feria de vanidades y de progromos de la intelectualidad. Pretenden hacer una gran hoguera quemando las bibliotecas donde se guardan testimonios hostiles al sistema. Vivimos una verdadera noche de los cristales rotos y de persecución de todo aquello que signifique excelencia y no comporte grandes cantidades de mierda y vulgaridad. Gracias, con todo y eso, a Guillermito Puertas, y gloria a ti, Zuckerberger. (Montañita de Azúcar).

La digitalización espolea a los escritores a ponerse sobre las cuartillas, conforme al mandato horaciano de “ningún día sin un par de líneas”, y a ser partícipes de una inquietud que se ha hecho universal. Vivir sin vivir en mí lleno de curiosidad y deseos de conocer. Al propio tiempo cabe el peligro de caer en la marabunta de la información en torrente que nos desinforman paradójicamente e incomunica. Es el síndrome de la torre de Babel y del mito de Prometeo. Como todo el mundo escribe, nos estamos quedando sin líricos y, cambiando el oro por oropel, reemplazamos a los periodistas por contertulios de la tele y politólogos por los poetas.

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