La envidia

12 de Enero del 2020 - Ricardo Luis Arias (Aller)

Es un mal muy arraigado en la especie humana, que generan mentes dotadas y de una gran ruindad, mezquindad en grado superlativo, muy generalizado en todas las capas sociales. Alguien dijo que la envidia era un mal nacional, muy carpetovetónico, y creo que tenía razón. La envidia se manifiesta de mil formas y maneras, en muchos casos ostentosamente, con descaro, porque no cabe ya en la mente enfermiza de quien la genera. Este ruin sentimiento se da mucho en la vecindad, por ejemplo, porque el vecino de al lado tiene un coche mejor que el mío, o vive más felizmente, o su casa es mejor, o por cualquier otro motivo, muchas veces sin importancia o por una nimiedad.

En etapas sociales más elevadas la envidia tiene otra dimensión, si bien se disimula más y se manifiesta menos, y en ello juega un papel importante la hipocresía, que también está bastante generalizada (casi se puede decir que envidia e hipocresía se complementan y tienen una misma factura), dándose el caso, en muchas ocasiones, de que en un ascenso en la vida laboral o profesional te felicite un amigo o compañero al que la envidia le está ahogando por dentro. He aquí cómo la hipocresía entra en acción de una manera vergonzante. En la clase política, como puede apreciar el sufrido y fogueado contribuyente, la envidia se da con frecuencia en sus excelencias –siempre con las obligadas y honrosas excepciones–, cuando el adversario político es superior en su dialéctica, conocimientos y forma de expresarse, y ello da lugar muchas veces a la descalificación y hasta el insulto, como estamos hartos de ver. En estos casos, la envidia es consecuencia de una falta de educación, que también solemos apreciar en ambos hemiciclos, convertidos en verdaderos gallineros.

Creo que fue el genial y satírico Quevedo el que dijo aquello de que, si quieres prosperar y ser dichoso, sitúate al lado de un envidioso. No, lo que hay que hacer es convertir la envidia en todo lo contrario, al aire y socaire de la mejor convivencia. Que buena falta nos hace.

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