Se derrumba el puente de los aquelarres
Se derrumba puente Perín, donde las brujas se juntaban en aquelarre.
Vínose abajo puente Perín, informa el periódico de Palencia. Justo en la barandilla de este paso sobre el río Pisuerga, construido por los romanos que acaba de hundirse, celebraban las brujas sus aquelarres desde tiempo inmemorial... pues había un cheposo en Fuensaldaña que estaba el hombre muy afligido por la curva de su espina dorsal. Le gustaría tener novia, pero al joven las mujeres a causa de su defecto no se le arrimaban. Así que buscaba solución.
Fue a consultarlo con curandero. Le dijo:
–Mira, buen hombre, yo ese tipo de deformidades no las ensalmo, aunque sé de quiénes te pueden aviar: las brujas que hacen junta cada viernes en lo alto del puente Perín.
–¿Sí?
–Sí, es muy fácil. Tú te acercas al puente. Cuando ellas estén con sus conjuros tú vas y le sueltas el número mágico. Esta es la clave. Cuando digan sábado seis, tú cantas desde la ribera el numero de la suerte: el siete. Has de decir: y domingo siete.
Efectivamente, allá que se fue el pobre jorobado de Fuensaldaña. Las brujas estaban reunidas en el puente y allí había una que era la bruja maesa cantante que recitaba el oficio. Decía: “Lunes y martes, miércoles seis, jueves y viernes, sábado seis”.
En ese instante retumba la voz del cheposo con tanta fuerza que la barandilla casi se derrumba que va y dice:
–Y domingo siete.
La hechicera mayor dijo:
–¡Eh!
Y al ver al tullido muy sorprendida por la audacia y el desparpajo con que aquel paisano se había atrevido a interrumpir el aquelarre, empieza a bailar en lo alto del pretil y exclama:
–¡Quitarle la chepa a ese!
En efecto, la deformidad desapareció y regresó a Fuensaldaña con la espalda recta, como un huso, cuenta la historia, y muy contento.
Pero había en el pueblo otro giboso que cuando se enteró fue a preguntar cómo había conseguido deshacerse de su chepa y él, solícito, le explicó lo que tenía que hacer. “La clave está en cantar el número siete”, le dijo, “cuando ellas estén en lo más secreto de su tenida”.
Todo entusiasmado por la receta fue el segundo cheposo a puente Perín un viernes al atardecer y allá estaban efectivamente las brujas dale que te pego cantando canciones obscenas que traen mal de ojo y agitando sus escobas... “Lunes y martes, miércoles tres, jueves y viernes, sábado seis y domingo...”.
–Siete.
La saludadora volvió la cara muy sorprendida porque le parecía atrevimiento interrumpir la sesión.
Por desgracia aquel día la bruja abadesa estaba de mala leche y frunció el hocico al escuchar la clave del conjuro. Se volvió iracunda para el paisano impedido y tan ávido de curar su enfermedad como doliente y dijo:
–La chepa del otro ponérsela a ese.
Así que volvió al pueblo con dos jorobas, la suya y la del otro.
El ínclito cuenta la leyenda se llamaba Perico Sánchez.
Moraleja: la avaricia rompe el saco y con las enfermedades hay que tener siempre paciencia, no fiarse de brujerías y saludadoras y hacer lo que mande el señor médico porque los Pedro Sánchez son solo vendedores de humo.
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