Yo tuve un sueño
Fue inevitable: aunque le llamaron el Parque de Poniente, la ciudad lo rebautizó como “El Solarón”, uno de los adelantos más significativos de Gijón.
Un espacio que durante años dio asistencia a eventos y a estructuras que nacían y desaparecían al cabo de los días. Un pulmón para la ciudad y lugar de disfrute. Aún están frescos en la memoria la pista de patinaje o el tobogán de neumáticos que montaban en las Navidades. Los perros corriendo en aquel rincón y ese gran espacio al sol.
Los intereses, la especulación inmobiliaria, sus luchas, las negociaciones por ese lugar fueron interminables. Durante mucho tiempo un cartel anunciaba un proyecto: “Viviendas de lujo y jardines a su alrededor”. A alguien se le encendió una bombilla: una permuta, cambiar ese terreno por otros en poder del Ayuntamiento, con ventajas en su gestión. La pérdida sería insignificante y la ganancia para el futuro de Gijón inimaginable.
La presunta efectividad y su rédito contagiaron al político y los planes al gijonés. Jovellanos empujaba a través del tiempo con su plan del paseo de la Estrella. Diseñadores de parques y jardines se volcaron en ese nuevo proyecto: “El Parque de Poniente”.
Y un buen día ahí estaba yo disfrutando con los primeros rayos de sol de uno de los parques urbanos más encantadores de Asturias, hasta una secuoya plantaron en su punto central. Salvaron de la destrucción una parte de muralla del siglo XIX que apareció en la remodelación y no vulneraron la ley de Patrimonio. En él anclaron espacios para mayores, rincones para niños, para perros, unas terrazas oliendo a café. Farolas inteligentes. Un perímetro para corredores y paseantes.
El parque, con su estudiada estructura y distintas especies arbóreas, pasarelas, puentecillos, convirtió a Gijón en un referente de ciudad inteligente.
Un diseño magistral y una inversión con premios y halagos para la ciudad que de sueño pasó a realidad. GRACIAS.
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