Irene Montero, la mediocridad al servicio de sí misma
¿Un Ministerio de Igualdad? La absurdez llevada a la máxima expresión. ¿Por qué no un Ministerio de Solidaridad y otro de Responsabilidad? Podría también caber el de Profesionalidad, Bondad, Verdad, Dignidad... No sé, creo que, para repartirse cargos, estos individuos son capaces de reinventarse obviedades.
La igualdad no existe, ni existirá jamás. Somos distintos y diferentes: hombres y mujeres, también entre hombres y hombres, también mujeres con otras mujeres. Ahora bien, si nos referimos a igualdad de oportunidades ante todas las facetas de la vida misma, eso está recogido en nuestros ordenamientos. España no es un país bananero, nuestra Constitución, nuestra democracia, evidencia las mismas oportunidades para todos, salvo para aquellos que sí recoge explícitamente ayuda y apoyo por discapacidad de algún tipo; la mujer no creo que tenga esas trabas solo por ser mujer. Así que lo vuestro no es defender la igualdad, lo que queréis es ventajas añadidas. Eso es arribismo, y a fe que lo estáis consiguiendo. No se puede colocar en listas y cargos por paridad, eso es correr riesgos innecesarios soportando ineptas allí donde por sí mismas, por su valía, no alcanzarían jamás.
Lo vemos con Irene, le hicieron un traje a medida para meterla a calzador. Para cualquier otro ministerio no tenía preparación; pues, nada, se inventa uno que se le dé bien a cualquiera que no desmerezca por su innecesaria presencia: Igualdad.
¿La escucharon prometer el cargo? Igual que Garzón dejó aparcado lo de “ciudadano Felipe” cuando se refería al Rey (Jefe del Estado) a la hora de prometer el cargo, usted, señora Montero, debiera ser más considerada consigo misma, respetar el cargo y usar como buenamente pueda las reglas del lenguaje que marca nuestra Real Academia; pero, como bien le dicen desde la RAE, es provocación absurda el usar el femenino allí donde hay hombres también. Explícanos, señora ministra de pacotilla, por qué no usas el neutro para referirte a los dos sexos, salvo que sea porque usted excluye a los hombres de su ministerio por prejuicios personales, por misandria y una androfobia escondida bajo la apariencia de defensa a la mujer. Esa igualdad esconde eso. Usted, ustedes, no quieren la igualdad, quieren más. Entre otras, se ve claramente, lo dijo “en mi Ministerio serán todo mujeres”, lo cual blanco y en botella, ¡menuda igualdad la suya! Usted no quiere igualdad, quiere más. ¡Fuera, demagoga!
Enchufarse usted y su pareja a la vez, sin pensar que eso es acaparar todo para sí, es lo mismo que la igualdad que persiguen sus ideales… ¡demagoga! ¿No había otro u otra en su partido para repartir la carga y que no oliera tanto a atracción personal por el poder? Todo suena a una argucia engañosa, una contradicción entre lo que predican y lo que anhelaban.
Ustedes (Pablo e Irene) ya han conseguido la igualdad total; ahora a ver si dan lo mismo para el resto de mujeres, parejas y familias. Ya la conciliación familiar no merece la pena, niñera al canto; se puede pagar. Por no entrar en contradicciones que les anulan como fiables: aquello de la casta que vivía en chalé de lujo, ahora ustedes lo son; aquello de cobrar solo tres salarios mínimos, ahora ministerios; aquello de llevar al bebé al hemiciclo a darle la teta, ahora niñeras; aquello de ser valientes y denunciar todas las injusticias, ahora claudicamos por aferrarse al puestín, hasta pedimos perdón por lo dicho anteriormente y se volvieron sumisos al jefecito de turno: Pedro Sánchez.
¡No, señor! A ustedes, si los eligen, no es para mostrarse dóciles y manejables, deben imponer sus criterios con energía, si es que creen en ellos; lo contrario huele, claro que huele. Nada de cambio climático, el suyo; nada de mujeres, la suya; nada de igualdad, arribismo; nada de conciliación familiar, para otros; para ustedes, niñeras; nada de salarios decentes, los suyos... ¡Demagogos!
Me han defraudado enormemente. Son iguales que aquellos a los que criticaban con tanta dureza hace unos años. Ese lema de “Sí, podemos” lo consiguieron, era para ustedes. Enhorabuena, consiguieron engañarnos como pazguatos.
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