La Nueva España » Cartas de los lectores » La segunda Transición española

La segunda Transición española

16 de Enero del 2020 - María Juana Asunción García Pérez (Oviedo)

Si tras la muerte de Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, después de 36 años de dictadura (desde 1939 a 1975), España inició una nueva etapa de su historia, superando todos los obstáculos que había en aquella época, dando un radical y ejemplar giro político hacia una democracia plena, consagrada posteriormente por la Constitución de 1978, a cuyo proceso se le ha dado el nombre de “Transición española”, ahora, después de 41 años de democracia, todo apunta a que estamos ante una “segunda transición”; aunque, esta vez, con un componente de riesgo netamente superior, por la sencilla y elemental razón de que nos dirigimos hacia un régimen de ideología social comunista, con todas las adversas consecuencias que tal situación conlleva. Tras las últimas elecciones generales del 10 de noviembre de 2019, después de que las anteriores de abril de ese mismo año arrojasen unos resultados con los que fue imposible la formación de Gobierno, Pedro Sánchez, con menos diputados del PSOE en el Congreso (pasó de 123 a 120), incumpliendo todas y cada una de las promesas en que basó su campaña electoral, en las que, por activa y pasiva, cometiendo un flagrante ludibrio a los electores, afirmó rotundamente que no pactaría nunca con UP (Unidas Podemos), ni con fuerzas políticas que no respetasen la Constitución, conformó una exigua mayoría simple en el Congreso, pactando con todos aquellos que aseguró nunca haría, incluso con Euskal Herria Bildu, una formación sucesora de ETA, cuyo líder, Arnaldo Otegui, exmiembro de la citada banda, fue condenado varias veces por causas derivadas de actos de exaltación del terrorismo y jamás mostró arrepentimiento por los crímenes perpetrados por esa organización, entre cuyas víctimas hubo algunos miembros del PSOE. Esta peligrosa deriva del artero Sánchez muestra, de forma clara, la peor y más oscura imagen de este anfractuoso, temerario y siniestro personaje, al que sólo le mueven sus intereses personales sin importarle una higa el país ni los problemas y preocupaciones de sus ciudadanos. Un individuo fatuo y mendaz “ad nauseam”, con un exacerbado ego personal, dotado de un cinismo a nivel astronómico, embaidor compulsivo, procaz hasta el infinito, carente del menor rastro ético o moral y, para colmar el vaso de los despropósitos, de una avidez enfermiza de poder. “Lato sensu”, un ahotado y peligroso personaje que, junto a las no menos peligrosas compañías a las que ha unido su destino político más inmediato, puede llevar al país a una confusión y desorden tal que, de no ser frenado a tiempo, amenaza con poner en peligro la estabilidad de nuestro régimen constitucional, ya frágil en estos momentos, y acabar con la unidad de España. En realidad, aunque Sánchez puede llegar a ser el sujeto causante final de una auténtica hecatombe nacional, lo cierto es que todo esto no es más que un calculado proceso de desintegración, una auténtica balcanización del país en términos geopolíticos, que ya se inició durante el mandato del infausto Zapatero, al que su sucesor, el ignavo Rajoy, no supo conjurar a tiempo, y que, por su torpeza, desacierto y falta de visión política, llegó vivo a nuestros días. Basta con realizar un somero y objetivo análisis de la presente situación, para concluir en que todo apunta en la dirección de que se pueden estar dando las condiciones necesarias para su culminación. No es que, “hic et nunc”, pretenda declarar la llegada del “apocalipsis”, ni que ya se estén escuchando las trompetas de los ángeles convocándonos al “juicio final”; pero, sin atisbo de duda, el futuro más inmediato se presenta bastante incierto, con visos de ponerse feo. Sólo desde esta consideración, de que realmente están saltando las alarmas, se puede tomar conciencia del problema y, por ende, movilizarse para emprender las acciones pertinentes que nos puedan conducir a evitar el mal, o, al menos, a minimizar sus consecuencias. No se trata de declarar, ni proponer, que hay que poner la venda antes de que se produzca la herida, sino, simple y llanamente, manifestar que la herida ya es un hecho. Quizás, en este momento, con una derecha tradicionalmente cobarde y acomplejada, con el añadido de estar ahora más desunida que nunca, la misión no sea fácil; pero, aun así, todos los que nos declaramos auténticamente españoles, y sintamos el orgullo de serlo, tenemos el derecho cívico y moral de intentarlo.

Lamentablemente, la caterva que hoy forma parte de la cúpula dirigente de lo que queda de aquel PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra, y que, con sus luces y sombras, realizó una gestión política dirigida a los intereses de la nación, por encima de los propios de su organización, no son más que palmeros de Sánchez, cómplices de sus caprichos, siempre con la mano extendida y dispuesta para recoger las dádivas que les conceda su amo y señor. Personajes que jamás se opondrán a las desmedidas ambiciones de su jefe, ni tan siquiera obstaculizarán su desenfrenada carrera hacia el abismo. Nunca serán una solución. Por el contrario, formarán parte del problema.

Cartas

Número de cartas: 49673

Número de cartas en Abril: 42

Tribunas

Número de tribunas: 2195

Número de tribunas en Abril: 1

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador