Estoy de acuerdo: no son los bancos, sino lo que representan
Efectivamente, tal y como apunta la concejal del PSOE doña Marisa Ponga en su carta (LNE, 16 de enero de 2020), la polemiquilla surgida sobre el anuncio de la retirada de los bancos pintados de la plaza de la Escandalera de Oviedo no es motivada por su incomodidad, sino por lo que representan (¡Qué más quisieran los opositores que la respuesta ciudadana al cambio se correspondiera al que se dice origen del nombre de aquella!).
Orgullosa de haber sido una de las impulsoras de su coloración en el, afortunadamente, finalizado mandato del tripartito, dice la señora Ponga que la idea nació para transmitir que Oviedo es abierta y está orgullosa de su diversidad, y no para enfrentar a nadie. No voy a dudar de la intención amable de doña Marisa, pero una cosa es la voluntad y otra el conocimiento de lo que los “símbolos” representan (y conste que me niego a aceptar que unos bancos pintados de esos colores vayan a ser considerados como muestra de la condición de mi ciudad); por eso, con todo el respeto y cordialidad del mundo, quiero decirle a la concejal, en primer lugar, que la muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena ciudad de Oviedo está abierta a todo el mundo, porque así somos los ovetenses, pero eso no quiere decir que comparta o tolere cualquier (¿todas?) representación de movimientos, pensamientos o ideologías. Y, en segundo lugar, concretamente la representación de la ideología LGTBI a través de la coloración arcoíris de, por ejemplo, los bancos no nos gusta a quienes no compartimos dicha ideología, y no solamente no la toleramos, sino que la combatimos por todos los medios legales y democráticos que sean posibles. Incluyendo la petición de la retirada del color de los bancos, que, como fueron pintados sin contar con la opinión de los ovetenses, deben ser retirados porque ese es nuestro deseo democráticamente expresado.
La ideología LGTBI, primeramente introducida por el Gobierno del inicuo Zapatero y luego mantenida por el indolente Rajoy, ha sido definida por el cardenal Sarah como un totalitarismo onírico, y, después de once años de la promulgación de la profundamente inconstitucional ley orgánica para la Igualdad de Hombres y Mujeres (por mucho que un TC mercadeado no lo reconociese), muchas personas están conociendo en sus propias carnes los desaguisados que está causando (y más que causará con el Gobierno que ha tomado posesión).
La defensa de pretendidos colectivos es un falso manto protector de la ideología de género: a todo hombre y mujer se le debe el respeto por ser lo que es, hombre y mujer; respeto al ser humano, siempre, pero no por defender unas ideas ni por pertenecer a un grupo, colectivo, asociación, equipo de fútbol o club de fans.
Si la ideología de género pretende imponer sus ideas como objeto del pensamiento único, ¿debemos respetarlas y aplaudir lo que sus defensores estiman como símbolos?
Sí, señora Ponga, es lo que representan, y, porque yo no comulgo con la ideología de género, lucharé con todos los medios legales y democráticos a mi alcance para impedir que la misma se extienda y aplaudiré las medidas (como la retirada de los bancos) que, aunque sea mínimamente, contribuyan a evitar su difusión y a transmitir la falsa idea de que tal ideología perniciosa goza de aceptación general.
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