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Cuando empecé a llamarte Pepe

19 de Enero del 2020 - M.ª de las Nieves Arias García (Oviedo)

El 17 de septiembre de 1990 recibí una llamada, jamás pensé que ocurriría. Yo tenía 21 años.

Esa llamada cambió mi vida para siempre, me llamó Armas.

Yo creo que durante un par de años le seguí llamando Armas, y alguna vez me pidió que lo llamara Rugby. Llamarlo Pepe lo hizo la convivencia. Yo adoraba llamarlo Armas, pero llamarlo Rugby no me salía del alma, pero alguna vez salió del placer.

Cómo contar una historia tan diferente y probablemente tan parecida a otras, supongo que empezando por el principio.

En el curso 1985-86, con 17 años recién cumplidos y con unos nervios tremendos, terminó mi vida escolar, o quizás empezó mi vida adulta. Que el destino y los acontecimientos lo decidan.

No me acuerdo exactamente el día que empecé COU.

¡Mi primer logro en esta vida! Pues ansiaba dejar el colegio de monjas en el que estudiaba desde los 6 o 7 años.

No lo pasé mal ni guardo recuerdos desagradables, ni siquiera recuerdo algún mal momento. Aunque sí algunas malas personas, no precisamente profesoras o monjas...

Pero yo también creo que no fui todo lo que se esperaba de mí y algún arrepentimiento tengo en mi corazón.

Recuerdo aquel día que entró mi profesor por la puerta, era el primer día lectivo oficial. Era pequeño, con su bata blanca, con su peinado tan cursi de raya al lado, pero con una sonrisa. Un profesor que empieza su primer día de clase a las 8 de la mañana y la empieza con una sonrisa es para quererlo.

Nos colocó por orden de lista. ¡No podía ser de otra manera! ¡Era el despiste personificado para los nombres! Eso lo comprobé con los años.

Yo estaba sentada al final y tuve que coger todos mis enseres rápidamente para sentarme delante de su mesa. El corazón se me puso a cien.

Y es que me enamoré de él a primera vista. Jamás en mi vida lo hubiese pensado ni imaginado, ni siquiera me lo hubiese creído de nadie.

Cuando me obligaste al paseíllo, a mí me cayeron todos los libros, libretas, el estuche..., ¡qué vergüenza pasé!

¿Qué se le ocurre decir al profesor Armas?

-Arias, puede recoger sus cosas y dejar de anunciar a todos que está aquí.

En aquel momento te hubiera estrangulado con mis manos. Yo te conté muchas veces esa anécdota y te reías, pero no te acordabas de ella.

Pasaron unos años y vamos a omitirlos porque no fueron fáciles para ti y yo fracasé en mis estudios de diseñadora de interiores; a veces hay que reconocer que lo que más te gusta.... Simplemente, no vales. Eso fue duro.

Pero, casualidades de la vida, yo mal y tú casi peor, nos encontramos un día, y desde ese 2 de septiembre de 1990 he sido la persona más feliz del mundo. Gracias, gracias y mil gracias por enseñarme que la vida no es fácil, por ayudarme a pensar y a dejar mis miedos y complejos, pero, sobre todo, GRACIAS porque la vida sin ti es muy triste y difícil, pero pienso que sin haberla compartido contigo simplemente estaría vacía.

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