Síntomas lógicos
No han llegado todavía a los cien días de cortesía. El nuevo Gobierno inicia su andadura. Se prevén retos de enorme dificultad. La prudencia exigiría en muchos asuntos tantear el terreno sobre el que se va circular. Resultará imprescindible evitar actuar de forma maniquea y será preciso ampliar los horizontes del arte político a los límites precisos de la dialéctica entre estados; en este entramado, los intereses generales de cada uno prevalecen sobre los demás, más allá de los vínculos, de los intercambios comerciales o de las buenas relaciones diplomáticas.
Si la nave del Estado no es bien dirigida, los problemas no se podrán afrontar con garantías, todos resultarán inesperados, si no inconcebibles. En el primer caso, por querer hacer política en nombre de la humanidad; en el segundo, por auparse a lomos de un fundamentalismo democrático que no da pie a la divergencia. De este modo, quien no aprueba alguna medida política derivada desde la doctrina oficial es un antidemócrata.
Concretemos. Publicación del primer borrador sobre el reparto europeo en forma de “fondos verdes” a las comarcas más afectadas por la nueva reconversión industrial (eufemismo: transición ecológica). Asturias a la cabeza, en esto somos líderes. Las actuaciones previas fueron dirigidas a salvar el planeta, la política energética del anterior Gobierno en funciones se volcó en el intento absolutamente necesario por preservar a la humanidad del apocalipsis en forma de CO2 derivado de la actividad industrial, del transporte y de la ganadería intensiva (por cierto, en proceso de liquidación). Los resultados, impecables: bajada espectacular en la venta de vehículos, cierre definitivo de la práctica totalidad de los yacimientos mineros, estímulo al cierre por parte de las grandes corporaciones eléctricas de sus centrales térmicas y presiones medioambientales a las industrias electrointensivas. La actuación precisa, meditada; los resultados, inmejorables. Asturias, que iba a dejar de estar negra por la contaminación, ahora estará negra por la falta de salidas de futuro. Con todo, lo importante es pensar en positivo.
La responsable ministerial del actual Gobierno no lo entiende, el reparto la sorprende. La mayor parte de los “fondos verdes” van a Polonia, los yacimientos mineros abiertos su coartada, o a Alemania por poner en marcha una central térmica de alta capacidad. Ahora nos queda el recurso a la pataleta, pero, ojo, lidiamos desde la debilitada España, cuando no desaparecida, frente a la toda poderosa Alemania.
Otro síntoma. Nos devanamos los sesos para poder satisfacer las demandas de cada autonomía. España se entiende no como un todo distributivo, sino como un todo atributivo en el que cada una de sus partes o autonomías nada tienen que ver con España como entidad política soberana y común. Esas partes mantendrán relaciones asimétricas, los desequilibrios se agudizarán y las políticas mezquinas de cada Ejecutivo autonómico resultarán letales para las más débiles. Yendo hacia el cantonalismo nuestra democracia se encamina hacia un sistema político perverso, por ser a un tiempo democrático y feudal. Se legitima a través de los nuevos soviets posmodernos asamblearios, y se organiza por unas élites que privilegian sus intereses particulares. Los nuevos señores, las nuevas élites pertenecientes a la nueva clase extractiva de valor, que no produce pero sí consume a manos llenas y se lo reparte solidariamente y de espaldas a las capas basales y productivas, obrarán con una escrupulosa ética de grupo, serán como una familia, la camaradería un hábito, el ejercicio de favores personales un deber. En este obrar legitimado, el germen nacionalista resultará un activo eficaz para la vuelta a tiempos que creíamos superados. Lo peor es que su carácter reaccionario es apoyado sin fisuras por la nueva izquierda indefinida que habla en nombre de una humanidad que nadie conoce, una humanidad muy krausista ella, y a la vez habla en nombre de los pueblos, ahora entendidos como naciones particulares articuladas en torno a la idea fuerza de cultura. Se servirán de lo que queda de la actual España política. Desde ella y con la intención de aniquilarla podrán alcanzar sus objetivos: independizarse para verse como iguales y libres en Europa. Por supuesto, dialogando y tolerándose como buenos demócratas en inglés.
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