Lengua de signos y lengua oral suman
En referencia a la entrevista y carta al director de Irene González González. Estoy en la obligación moral y personal de contestar a esta señora que, por lo que he detectado en su carta al director de este periódico, es conocedora del tsunami que han provocado sus declaraciones no solo a nivel provincial, sino también estatal en las distintas asociaciones de sordos, por su indignación y total desacuerdo.
Soy hija de sordos (padre signante y madre bilingüe), intérprete y colaboradora en activo del colectivo sordo, razones que avalan mi profundo conocimiento de este misterioso, mágico, asombroso, maravilloso y, por ende, difícil, complicado, olvidado y discriminado mundo del silencio, las voces inconexas, las frases de verbos sin conjugar, es decir, personas diferentes, pero, no nos olvidemos, son nuestras familias, amigos, vecinos, compañeros...
En cuanto a la entrevista del día 15, no se pueden lanzar este tipo de mensajes a la opinión pública con muy poco tacto, con esa falta de sensibilidad, desconocimiento del colectivo sordo y cargada de una osadía pocas veces vista. Demonizando la utilización de la lengua de signos en nuestras calles, en el trabajo, en nuestros vidas, como si nos avergonzáramos de una maravillosa herramienta que ha hecho posible que nos podamos comunicar sin barreras. Y hablo de lengua de signos y no de lenguaje, pues como lengua la aprobaron nuestras Cortes el 23 de octubre de 2007 (ley 27/2007), después de una lucha de años para su aprobación. Y como dato curioso, el primer alfabeto manual consta del año 1620, por Juan Pablo Bonet. Fíjense si no tenemos historia, para que ahora de un plumazo aparezca la terrible frase que leí: “La gente continúa pensando que todos los sordos siguen utilizando el lenguaje de signos, cuando afortunadamente se está extinguiendo, solo lo usa un 5 por ciento”, esto entre otras lindezas, por cierto muy inexactas.
A quien se le realizó la entrevista debería haber aclarado que ella solo representa a una parte de los sordos, aquellos que nacieron en familias sin antecedentes, que huyen de la colectividad y cuyos asociados llevan audífonos e implantes cocleares, por lo que quedan desestimados el resto, aunque en el resto también los tenemos incluidos. Que ellos abogan por la lengua oral, que nosotros utilizamos la lengua oral y la lengua de signos, en función de los casos, porque, señores, cada sordo es un mundo, las dos lenguas suman, no se trata de restar hablando de una sola lengua.
Y claro que hay muchos tipos de sorderas, hay personas oyentes que por enfermedad pueden padecer sordera a cualquier edad, lo que no es muy correcto es decir: “Hay gente que se acuesta oyendo y se levanta sin hacerlo”. Si usted es, como dice, psicóloga experta en discapacidad auditiva, utilice el vocabulario técnico con propiedad, a esto se le denomina sordera súbita y en función de a qué zona afecte el oído puede ser recuperable, en otros casos, no, y necesitaría audífonos, implante coclear o en el peor de los casos no habría solución alguna. En cuanto a su carta al director, usted se escuda en un error periodístico para justificar lengua por lenguaje. Bien, pues le diré que existe algo que se llama fe de errores en la prensa escrita, esta rectificación debería haberla comunicado al periódico el día de la publicación para que saliera en prensa el día 16, y no una semana después y solo porque se le censuró a través de "Cartas al director" su uso erróneo.
Por último, su carta parece responder a un escrito emitido por mi persona (donde no me identifico) publicado en Facebook a través de una de las asociaciones y donde se manifiesta el sentir de los asociados. Además, con esto creo que ya se debe zanjar este asunto para no perjudicar más a este colectivo.
Pedimos respeto por nuestra lengua y queremos sumar, nunca restar.
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