Libertad, o no

19 de Febrero del 2020 - Antonio Mallo Fernández-Ahuja (Avilés)

Aunque no soy muy partidario de esa definición de la libertad que consiste, básicamente, en decir que uno puede hacer lo que vulgarmente llamamos “lo que me da la gana”, vamos a aceptarla como mal necesario.

Y todo ello a resultas de que ahora a la izquierda se le ha ocurrido la idea de que “hay que respetar la libertad de los hijos” y no las ideas paternas en la educación. Pues, así las cosas, normal que cada vez se reduzca más el índice de fecundidad de este país, y en particular del territorio astur. Si los padres solo son sujetos que han de alimentar, vestir, procurar que los niños asistan a clase (ojo, no estoy diciendo “darles una educación”), aguantar sus caprichos y enfados sin ninguna capacidad para castigar (¡a ver si te enfrentas con un tribunal reprobatorio!) y cuando tengan 18 años seguir consintiendo todo esto por miedo a que el Estado te acuse de no cumplir con tus obligaciones, normal, digo, que las personas se piensen en tener niños. No somos, los humanos, gallinas que ponen huevos para que el granjero decida a qué dedicar los huevos dejando al lado la opinión de la gallina (y del gallo).

Pero la cuestión subyacente a todo este problema consiste simple y llanamente en que el Estado, fiel a sus principios de izquierdas, se quiere convertir en tutor, “de facto” y “de iure”, de los hijos de los españoles, argumentando que el niño es libre para recibir una educación. Evidentemente, no dicen que esa educación es la suya y la que ellos creen correcta, aunque sea opinable, como casi todo. A mí este adoctrinamiento, perdón por la comparación, me suena a lo de las “Hitlerjugend”: se sacaba al niño del entorno paterno y se le imbuían las ideas del nacionalsocialismo. Y fue tan fuerte este adoctrinamiento que aún hoy, con lo que ha llovido y las vueltas que ha dado el mundo, algunos de aquellos niños, hoy adultos, mantienen aquellas ideas. Y eso que aquel Estado estaba respaldado por bastantes más votos democráticos que nuestro Gobierno.

En realidad lo que se quiere es anular, cercenar, la autoridad de los padres, que son el único escollo que parece quedar como línea de defensa ante la ideología de izquierda, y que tan buenos resultados dio en la URSS, o en Corea del Norte o más recientemente en Venezuela. Y se emplean las palabras mágicas: “Los padres no pueden coartar la libertad de los hijos”. Cuando en realidad nuestros hijos, a la edad a la que asisten al colegio o aún al instituto, no son plenamente libres (en la toma de decisiones) porque les falta un ingrediente básico que es la no coacción, es decir, están clarísimamente coaccionados por la falta de conocimiento (no se preocupen, lo que digo de los niños actuales también lo digo por los que fuimos un día tales, no es un insulto, es que se están formando y no lo están aún del todo). ¿Sería libre usted si aceptase un préstamo del banco en el que no le han comunicado los intereses?; por supuesto que no lo sería, estaría siendo engañado, no es que usted sea tonto, es que le falta un dato crucial para poder tomar libremente la decisión de pedir el crédito o no.

Al margen, y aunque suene absurdo, ¿qué ocurriría si un día fulanito decide que no quiere, libremente decidido, asistir ya más a las clases de Matemáticas?, o si fulanita no gusta de acudir a escuchar más hablar del “present perfect” porque le da igual cómo parloteen en Gran Bretaña y falta libre, voluntaria y conscientísimamente a las mismas. Pues pasaría, no lo duden, que el Estado obviaría la supuesta libertad del párvulo y lo devolvería de vuelta a la escuela, eso si los padres no son amonestados por abandono, y todo por haber dejado decidir libremente al niño como les había indicado el Ministro que habían de proceder.

Es ya tópica aquella afirmación de que “nosotros no buscamos la libertad, sino el poder”, de L. Trotsky, no recuerdo ahora si en realidad es la democracia y no la libertad, pero da igual, las dos salen dañadas y el ruso podría haber firmado ambas.

Se abusa de la palabra y del contenido para lograr unos fines, “sus” fines, porque la libertad, esa capacidad del hombre para escoger el bien, les trae sin cuidado.

Y así, mientras tanto, como quien no quiere la cosa, nadie habla de que el paro va camino de empezar a subir de nuevo.

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