Europa, entre raptos y naufragios
Como en misa, porque de religiones voy, comienzo por confesión y acto de fe.
Confieso que he sido uno de los muchos ilusionados creyentes en una Unión Europea capaz de ir bastante más allá del mercadeo. Habiendo nacido en una tierra poco afortunada en esto de la gobernanza, la templanza y la finanza, siempre he pensado que de Europa nos vendría más de lo bueno que de lo malo, y con un coste razonable en cuotas de subordinación. Ingenuo que es uno. El bluff académico de Bolonia ya me puso hace años en guardia sobre los modos, maneras y carencias de una Europa con cincuenta caras, de forma que, aun manteniendo -y queriendo mantener- buena parte de la ilusión inicial, otros más crudos y recientes fiascos institucionales no me han pillado desprevenido ni me han dejado mucho más frustrado de lo que ya venía del trabajo.
Por eso cuando, no hace mucho tiempo, supe que en cierto prestigioso foro iba a impartirse una clase magistral sobre las causas de un inminente "naufragio de Europa", me dispuse a acudir al pupitre con papel y lápiz. Y como alumno con pretensiones de aplicado, y por si nos preguntaba el profe, me puse a repasar las razones que, a mi parcial juicio, podrían llevar a una crisis tan dramáticamente marinera.
Pendientes de ordenar categorialmente, me ocurrieron algunos avatares que podrían desestabilizar una nave bien construida con sólidos materiales grecolatinos y mejor pertrechada en astilleros judeocristianos: ¿Podrían ser las cicatrices de su turbio historial de confrontaciones fratricidas? ¿Podrían ser hedonismo y molicie las termitas del multisecular y contradictorio, pero indiscutible, liderazgo europeo en pensamiento, derecho, arte, ciencia y tecnología?... ¿Serían su crisis de valores, su esterilizante envejecimiento, su frustración de segundona preterida, un multiculturalismo mal digerido?... ¿Podría serlo el resurgimiento de nacionalismos, comunismos, anarquismos, fascismos, populismos cerriles y otros redivivos demonios familiares? ¿Tal vez la inane y fatal coincidencia de falta de figuras políticas de talla en todos y cada uno de sus países miembros, la entronización cortesana de despóticas burocracias en su puente de mando, los quintacolumnistas, amotinados y mercenarios -desde las élites al lumpen- enredando y minando en sollado y cubiertas? ¿O podrían serlo corsarios, bucaneros, piratas y demás conjurados externos?
Tras leer -letra pequeña- que en dicha clase se iban a denunciar, como causas del naufragio de Europa, sus nefastas políticas migratorias, hice un gurruñito para papelera con la lista de consabidos y elucubraciones conspiranoicas y creí ver que, en lugar de ser interrogado -¡que levante la mano el que sepa...!-, se me ofrecía la oportunidad de preguntar yo al profesor acerca de los más de ocho millones de inmigrantes que -para salvar el mercado laboral español- dícese que habría que importar (supongo que) dentro del horizonte de gobernación progresista que barajan subliminalmente algunos gurús. ¿Se referían los expertos a mano de obra neta o bruta, directa o indirecta, especializada o no cualificada? ¿Se necesitan por aquí inversores con empresa bajo el brazo o emprendedores con planos en la mochila? ¿Sería -ocho o nueve millones- antes o después de que nuestros tres millones de parados encontrasen trabajo? ¿O incluiría un intercambio transnacional de "leyendas urbanas" de distintas razas y religiones? ¿Estamos pensando en emigración legal, reglada, dosificada, coordinada y medida o se está pensando en una llamada con apertura de puertas ad libitum?
Al comenzar la clase me dí cuenta de que prácticamente solo nos íbamos a centrar en un continente, en unas culturas y en unos modos y maneras, por lo que buena parte de mis dudas iban a quedar sin respuesta. A medida que iba avanzando la sesión me fui haciendo con el vocabulario y el gesticulario precisos para desenvolverme en el tema. Por ejemplo, que si "los y las migrantes" era la última moda, y "Raza" un concepto retrógrado o una novela en el índice de libros prohibidos, la tendencia apuntaba ahora hacia "movildad racializada". También fui llevado de la mano por los, al parecer, evidentes nexos entre derecha, capitalismo, burguesía reaccionaria, explotación, xenofobia, xenofagia, violencia de género, violencia policial, violencia política, violencia cultural, violencia racista, fascismo, mafias, emergencia climática, murallas, concertinas... muerte.
Al final, y por si se notaba que dudo fundada, tímida y matizadamente de que Europa naufragará, precisamente, si no abre a torrentes migratorios, opté por no preguntar y marché sin recibir una bendición imposible. Quizá por ello me quedé sin saber por qué en nuestro ecosistema serán salvíficos unos métodos de gestión poblacional que difieren tanto de aquellos que el ecologismo propugna para otros reinos de la naturaleza. Sin saber de esas políticas que podrían hacer navegar a Europa en una travesía digna, ordenada y segura para tripulación, pasaje y equipajes con el mejor servicio posible a bordo, y sin renunciar ni a su bandera ni a sus buenos hábitos hospitalarios ni a sus artes marineras.
Quizá de ello se habló en el coloquio. Quizá debí de aguantar hasta las prácticas de aula. Y como tampoco pienso asistir a las tutorías grupales por Skype, supongo que me quedarán las dudas, pero el cuerpo ya no me pide ni catequesis ni autos de fe.
Y es que cuando regresaba a casa me fue dominando la sensación de no haber asistido a una clase, sino de haber asistido a una homilía. A un oficio de una religión alternativa que encierra demasiado dogma laico, demasiada doctrina, demasiados mantras, demasiados fatuos y fatwas. Quizás había asistido a un oficio de un nuevo Santo Oficio o de una Nueva Orden.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

