La ley de la Educación Asturiana
Pronunciar la palabra ley, hoy en día, es enfrentarse a un reto, a menudo, lleno de inseguridades, que persisten, incluso, cuando existe la probabilidad matemática de sacarla adelante en un parlamento. Y todo porque, en el fondo, sabemos que cualquier ley debe ser producto de un consenso muy mayoritario, que, cuando hablamos de Sanidad o Educación, se eleva de forma exponencial.
Entre las intenciones del actual Gobierno asturiano se encuentra la creación de una ley Autonómica de Educación. Una apuesta, sin duda, ambiciosa por lo que conlleva, por lo importante de su rango y por el amplio margen social al que afecta, o debería afectar. Por ello supone una tarea ardua, complicada, llena de flecos y de fanganosos charcos de los que será difícil salir.
Para PAPEL
Pero, a la vez, ilusionante, casi onírica. Porque es hora de que Asturias tenga una ley de Educación que contextualice los principios pedagógicos y los ajustes a la realidad de nuestro territorio; logrando un marco educativo que potencie las relaciones de la Administración autonómica con los ayuntamientos y con los centros educativos; que fortalezca el sentido de comunidad educativa, tantas veces devaluado y desatendido, y que, como dicen los jefes de redacción de los periódicos, den una vuelta a la organización y funcionamiento de los centros educativos, procurando una mayor optimización de los recursos y una actualización de los servicios, con el único ánimo de buscar una verdadera calidad en la educación asturiana.
Y en este enorme saco de peticiones no deben faltar dos factores elementales. Por un lado, la imprescindible, necesaria y aún escasa retroalimentación entre la Universidad de Oviedo y el resto de agentes educativos: dos potencias que deben ir de la mano en la innovación, la investigación y el desarrollo de nuevas posibilidades. Por otra parte, esta ley de Educación debería concretar, mucho más, todo lo que la ley de Uso y Promoción de la Lengua Asturiana desarrolla sobre nuestra lengua (nuestro patrimonio) en materia educativa. Este es el momento.
Mucha lana que tejer y muchas puntadas que rematar para una bufanda que debe abrigar, sin agobiar, y lucir las muchas grandezas de nuestro potencial educativo. En quienes recaiga la responsabilidad de su redacción, amplitud de miras y certificación de la realidad; en quienes la discutan, reflexión y búsqueda del consenso, y para los que la aprueben, sentido de Estado (autonómico). Para los que la llevaremos a las aulas, esperanza e ilusión.
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