El pin parental y el ataque constitucional
El contenido del artículo de LA NUEVA ESPAÑA del día 19 de enero “Ideología y autoritarismo” refleja el tipo de periodismo tertuliano televisivo trasladado ahora a los medios escritos, que ponen el acento en la anécdota y la polémica en lugar de buscar el rigor informativo al que tenemos derecho los lectores.
El chantaje que está haciendo Vox al PP y Cs si no le acompañan en su guerra contra el Gobierno, usando como campo de batalla la educación pública, es un ataque frontal contra el derecho a la educación del alumnado, porque pretenden impedir que se imparta un modelo educativo constitucional por el simple hecho de que a Vox no le gustan sus principios esenciales de la Constitución. Por ello exigen que los padres estén informados de las actividades complementarias que se imparten en los centros para impedir que sus hijos acudan a ellas si no están en consonancia con su ideología, que niega la existencia de violencia machista y de la diversidad sexual, lingüística y social, valores básicos de una sociedad democrática. Este es el fondo de esa objeción de conciencia conocida por “pin parental”, aunque esas actividades complementarias sean plenamente curriculares, aprobadas por los consejos escolares de los centros y conocidas por las familias en las reuniones trimestrales con el profesorado.
Lo llamativo es que el autor del artículo confunda las actividades complementarias con las actividades extraescolares, quizá por desconocimiento o precipitación –no quiero pensar que por mala fe–, porque este tipo de actividades, como su propio nombre indica, se desarrollan en horario extraescolar y son totalmente voluntarias, salvo en la mayoría de los centros concertados, que acaban convirtiéndose en obligatorias como una fuente de financiación.
Dicho esto, el autor del artículo recrimina al Gobierno por la amenaza a la comunidad de Murcia con los tribunales si continúan con la implantación del “pin parental”, al argumentar la ministra portavoz que “el derecho a la educación del alumnado no puede ser cercenado por los padres”, lo que cualquier persona lo entiende perfectamente, y no busca, como hace el articulista, comparaciones con el trato jurídico que le da el Gobierno al conflicto catalán, a la politización de la Justicia u otras historias relacionadas con la diversidad lingüística del Estado.
Por último, acusar al Gobierno de intento de adoctrinar y evangelizar al alumnado, tomando como referencia las palabras de la ministra portavoz de que “los hijos no les pertenecen a los padres”, es otra forma de manipulación lingüística interesada, cuyo fondo ideológico hace referencia al sentimiento de propiedad de algunas familias que trasciende lo material a lo humano. Precisamente, ideología y autoritarismo es lo que hemos venido sufriendo en España durante siglos, denunciados ya en la época de la Ilustración por un político católico practicante y liberal como Jovellanos, que ya alertó del peligro de dejar en manos de la Iglesia la educación si se quería que España caminase por vías de progreso.
A estos objetores les recomendaría la lectura del poema del libanés Khalil Gibran, titulado “Tus hijos no son tus hijos”. Merece la pena la reflexión.
Alejandro Montoto Llera, maestro para toda la vida
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