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La nueva Corporación municipal

19 de Febrero del 2020 - Marcelino Álvarez Pascual (Oviedo)

Al frente del Consistorio de Oviedo teníamos un tripartito que jugaba a ver quién era más guapo (lo digo en plan metafórico, sin sorna, aunque alguno no daba el mínimo exigible), las desavenencias eran vox pópuli, y las cosas de comer las dejaban relegadas a un segundo término. Así pues, no es de extrañar que en las últimas elecciones, un novicio representando a la derecha hiciese suya la famosa frase de Julio César “Veni, vidi, vinci”.

Y ya está, que diría Zinedine Zidane, y que es la única frase que parece pronunciar de forma medianamente correcta el actual entrenador del Real Madrid. El flamante alcalde llega con ganas de hacerse notar, no ya por lo que han hecho hasta la fecha: “Recomponer relaciones con la Iglesia, degustando las clásicas fresas, y de paso, la promesa de que mientras en el Consistorio gobiernen ellos no les van a exigir los diezmos y primicias (léase IBI), colocación de esa monumental bandera arruinando la vista del "Termómetro", un paso de cebra en Colloto y no sé qué cable en una barandilla de un puente en Trubia (enumeración de actuaciones narradas por el propio regidor).

Pero lo que parece que le gusta al edil mayor es la polémica. Chismes aparte por su viaje en familia a la capital del reino, con gastos a cargo del erario municipal, lo que de verdad le pavonea es la colocación de esa bandera para demostrar que él es más español que nadie y que cuando la ve ondeando al viento se siente plenamente feliz. No era menester, Sr. Canteli, semejante muestra de españolismo, pues siendo nacido en Teverga –lo mismo que el firmante–, la españolidad, como el valor en el ejército, ya se nos podría suponer. Y creer que ese colosal trapo (perdón, quise decir drapeau) va a ser un atractivo para captar foráneos es de una ingenuidad infantil.

Toca ahora cargarse los bancos multicolores de la Escandalera, “hay que mojarse”, mas cuide usted cada voto, que Oviedo es un pueblín, y los de la LGTBI se lo tendrán muy en cuenta caso de que decida optar a una nueva reelección.

Resumiendo, no me gustan los políticos que llegan poniendo en valor sus credos, estamos en un Estado aconfesional, y esa simbiosis congénita entre cierto partido y la confesión católica huele ya a naftalina.

Amigo Canteli –lo de amigo va por el paisanaje, no porque esté yo ávido de amistades–, si cuanto antecede pudiera llegar a molestarle en el caso de que tuviera oportunidad de leerlo, le ruego que lo tome con sentido del humor, la misma intención con la que yo lo escribo. El firmante es un paisano suyo que le ha visto crecer y que guarda un muy buen recuerdo de su progenitor, tan serio y riguroso en el buen hacer de su profesión de magisterio como elegante y cortés en el saludo y en el trato con la vecindad. Sin lisonjas innecesarias, le aconsejaría que tratase de imitarlo.

Aun cuando parece que nuestro ideario está en las antípodas, le deseo un mandato con más cal que arena, pues sus logros redundarán en beneficio de todos los que componemos el censo municipal, es decir, de los sufridos paganinis, y también de los “no paganos”, que siguen lucrándose, por los siglos de los siglos, de esa bula que ellos han inventado, a mayor gloria.

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